PRIMEROS VIAJES DE
BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO
Bernal Díaz del Castillo, quien llego a las playas de Veracruz como soldado de Hernán Cortéz en la conquista y derrota del esplendoroso imperio
Azteca, de Moctezuma Ilhuicamina; escribió sus hazañas y correrías por el
continente descubierto por el Almirante Don Cristóbal Colon.
Hombre con muy poca preparación según
comentario que el mismo hace ( “y yo como no soy latino ni se del arte “; que
en español actual seria” y yo como no soy letrado ni escritor” ) en su crónica de la “Historia verdadera de
la conquista de la Nueva España” logro hacer de esta un gran tesoro de la
narrativa la cual ha permitido ubicar algunos lugares que menciona como zonas
de epopeyas épicas y de extrañas aventuras , este personaje desde su llegada al
continente, se dedico a viajar en busca de algún patrocinador que le ayudase a encontrar tierras que descubrir que tuvieran
muchas riquezas las cuales obtendría a cualquier precio como en esos tiempos ,
hacían todos los países que contaran con una armada y soldados suficientes.
Por lo que a continuación hago una
crónica de los primeros viajes de Bernal Díaz del Castillo antes de su llegada
a las playas de Veracruz para la conquista del imperio Azteca trascrito de su obra pero en español actual,
debido a que; en la que él escribe en
español popular de su época es difícil
de entender. Ubicando en esta; la posición geográfica de cada lugar que menciona, el cual podemos
determinar en el programa de google
heart y visitar virtualmente para ver lo que actualmente es y que en alguno de
estos sitios aun se recuerdan estas llegadas de los conquistadores .
Cuando nací,
el almirante Don Cristóbal Colon se preparaba para salir a descubrir un nuevo
camino hacia la India; esto fue en Abril de 1492, seis meses después el
almirante llegaría a la primera isla la cual bautizo como San Salvador y que es
una de las tantas islas que se ubican en uno de los mares más hermosos del
mundo que conocido como mar Caribe.
Mi nombre es
Bernal Díaz del Castillo, nací en la Villa de Medina del Campo España
(41°18´29.´´55 N, 4°54´55.´´70 O), mi padre Don Francisco Díaz del Castillo,
fue regidor en el ayuntamiento de esta provincia y lo apodaban “El Galán”.
Toda mi
infancia y mi juventud transcurrieron en este lugar escuchando las noticias de
las cosas que ocurrían en el continente
recién descubierto y viendo que cada día partían muchos hombres a descubrir
tierras nuevas…. Hasta que un día del año 1514, con un poco de preparación y
muchas ganas de también descubrir nuevas tierras y hacer fortuna me aliste como
soldado a las órdenes del Rey de España.
En ese
tiempo el Almirante Colon, ya había hecho cuatro viajes al nuevo continente por
diferentes rutas; descubriendo otras tierras en las cuales se establecieron
colonias de Españoles y una de ellas se
le nombro Tierra Firme lugar al que llego en su cuarto viaje y en donde se fundó
la colonia Nombre de Dios el 8 de Marzo de 1510 por Juan de Nicueza quien iba
tan cansado que comento “Detengámonos aquí en el Nombre de Dios.” ( 9°34´58.24”N; -79°28´12.98”O en el País de
Panamá). Y así quedo bautizado el lugar; a la fecha existe un monumento
conmemorativo en este lugar el cual se ubica conforme a las coordenadas
indicadas.
Con
veintidós años y bajo las órdenes del nuevo Gobernador, Pedro Arias Dávila;
llegamos a Nombre de Dios lugar
totalmente insalubre porque estaba ubicado en una zona de pantanos y por el calor
húmedo que se sentía y los mosquitos
aunado a esto no había un desarrollo
urbano definido; se ocasiono una gran epidemia que mato a muchos
soldados durante los primeros cuatro meses que llegamos a estas tierras y a los
que no morimos, nos lastimo con enormes llagas en las piernas.
Aparte de
esta epidemia había problemas de tipo político entre el gobernador y el famoso capitán Vasco Núñez de Balboa quien
se había casado con la hija de éste y quien se quiso levantar con algunos
soldados para irse al mar del Sur en el lado del Océano Pacifico frente a Panamá (Hoy es el Golfo de Panamá) el cual había descubierto poco antes,
pero que al intentar revelarse, lo detecto y mando a degollar para hacer
justicia y evitar otras revueltas entre sus capitanes.
Viendo esta
situación y sabiendo que la isla de Cuba gobernada por un Hidalgo de nombre
Diego Velázquez natural de Cuellar, estaba siendo poblada de nuevo; acordamos
algunos soldados y personas que habíamos llegado con Pedro Arias Dávila,
solicitar su consentimiento para irnos a ésta, lo que acepto de buena voluntad
ya que no tenía necesidad de tantos soldados porque no había contra quien pelear y ya estaba conquistada por el
capitán Vasco Núñez de Balboa toda la
tierra que según él era muy pequeña.
En este punto es de mencionarse que
los noveles conquistadores no habían detectado la magnitud de la Tierra Firme
donde se hallaban, pues pensaban que todas eran grandes islas.
Así que nos
embarcamos y con buen tiempo partimos
con rumbo a la isla de Cuba a estas
fechas ya contaba yo con veinticuatro años.
Llegamos a
la isla de Cuba y nos presentamos con el gobernador Diego Velázquez que era
pariente mío por lo que me prometió tierras e indios en encomienda en cuanto
hubiera.
Pero como ya
habían pasado tres años desde que llegue a Tierra Firme y no habíamos hecho nada,
no quise esperar a que me los diera ya que como buen soldado quería servir a
Dios y al Rey y ganar honores como los nobles varones igual que mi padre y mi
hermano que siempre fueron servidores de la corona Real y de los Reyes
Católicos Don Fernando y Doña Isabel.
Y junto con
ciento diez soldados de los que llegaron conmigo, de Tierra Firme que al igual
que yo no tenían indios; nos fuimos a hablar con un Hidalgo rico que tenia
pueblo de indios en encomienda en la isla y se llamaba Francisco Hernández de
Córdoba para que aceptase ser nuestro capitán y nos ayudara a ir a descubrir
tierras nuevas en donde pudiéramos emplearnos.
Aceptando el
cargo comenzamos a formar nuestra armada y compramos tres navíos dos de regular
tamaño y un tercero que nos fió el mismo Diego Velázquez con la condición que
antes de iniciar el viaje le pagásemos con indios que capturáramos en una isleta
ubicada entre la isla de Cuba y Honduras que se llamaba de los Guanaxes (conocida
hoy como isla de Bonacca Guanaja ubicación 16°26´31.26”N; -85°53´14.36”O) y se
los entregásemos como esclavos a lo que nos opusimos diciéndole que Dios ni el
Rey mandaban que hiciésemos a los libres esclavos. Y como no lo aceptamos y
temiendo que esto llegara a oídos del Rey; se desistió de lo dicho y procedió a
ayudarnos, aunque posteriormente nos busco otra clase de problemas en contubernio con el obispo de Burgos conocido como Juan Rodríguez de Fonseca.
Y regresando
a nuestro tema principal que eran los barcos, continuamos haciendo los
preparativos para nuestro viaje comprando pan de casabe que se hace de raíces y
también compramos puercos de tres pesos porque en aquel tiempo no había en Cuba
vacas ni carneros porque apenas comenzaba a poblarse, así también compramos
aceite, cuentas de vidrio y cosas de intercambio de poco valor. Así mismo
buscamos los pilotos para conducir los barco y el primero fue Antón de Alaminos
natural del Puerto de Palos otro era Camacho de Triana y un tercero que era
Juan Álvarez el Manquillo natural de Huelva y los marineros necesarios y
aparejos, cables, maromas, guirdalesos, anclas y pipas para transportar agua
dulce y lo que más se requiriera en el viaje; todo con nuestros propios recurso
que eran bien pocos.
Ya preparada
nuestra armada la llevamos al puerto que en lengua de indios se llama AXARUCO
(actualmente se conoce como Boca de Jaruco 23° 10´ 28.94”N ; -82° 00´ 27.16” O)
sobre la banda Norte de la isla de Cuba y que se hallaba a ocho millas de la
villa de San Cristóbal y que luego cambiaron a lo que es hoy la Habana, en esta
villa contactamos con el clérigo Alonso González para que nos acompañara y a un soldado de
nombre Bernardino Iñiguez natural de Santo Domingo de la Calzada que iría como Veedor (Inspector) y que juntos
se encargarían de guardar el quinto real sobre las riquezas de oro, plata, y
perlas o cualquier otra riqueza que Dios pusiera en nuestro camino en las
tierras por descubrir.
DESCUBRIMIENTO DE LA PENÍNSULA DE
YUCATAN.
Y el día
ocho de Febrero de 1517, salimos del puerto de Axaruco y costeando con rumbo Este después de doce
días llegamos a la punta de San Antonio que tenía el nombre de tierra de los
Guanahataveyes que eran indios salvajes (actualmente península de
Guanahacabibes cerca de Pinar del Rio en
la Republica de Cuba 21°51´49.23”N; -84°57´05.55”O).
Y pasando
esta punta comenzamos a navegar a la aventura con rumbo hacia donde se pone el
sol en un mar del cual no conocíamos bajos, corrientes ni que vientos suelen
señorear en aquellas latitudes con mucho riesgo de nuestra armada ya que en esa
zona nos llego una tormenta que duro dos días con sus noches de tal manera que
estuvimos a punto de perdernos.
Cuando el
tiempo calmo, continuamos nuestra navegación y después de veinte días de haber
zarpado vimos tierra y nos alegramos dando gracias a Dios. Esta tierra era
nueva y jamás descubierta hasta entonces y desde los navíos vimos un gran
pueblo que al parecer estaría a dos leguas de la costa; un pueblo tan grande que no
habíamos visto cosa semejante en la isla de Cuba ni en la Española (Republica
Dominicana y Ahiti 18°54´40. ’’21N, -71°10’25. ’’37O), a este pueblo le pusimos
el Gran Cairo. (Es muy probable que fuera el Cacicazgo de Ekab 21°09’48.46’’N, -86°51’06. ’’22 O)
.Entonces acordamos acercarnos con los dos navíos más pequeños a la costa para
ver si había fondo en donde pudiésemos anclar junto a tierra.
El cuatro de
Marzo vimos venir diez grandes canoas conocidas como piraguas, llenas de indios
naturales de aquel pueblo y venían a remo y vela y cada canoa traía hasta
cuarenta indios. Cuando se acercaron los llamamos por señas ya que en ese
tiempo no entendíamos ni teníamos traductores que entendiesen las lenguas mayas
y mexicanas; sin temor se acercaron y subieron a la nave capitana treinta de
ellos y les hicimos obsequios de sartalejos de cuentas verdes y estuvieron
viendo por un buen rato los navíos. El jefe de ellos que era un cacique nos
indico con señas que regresaban a tierra en sus canoas y que volvería otro día con más canoas para llevarnos a
tierra. Estos indios venían vestidos con camisetas de algodón como chaquetas y
con un taparrabo como manta angosta que
ellos llaman másteles y vimos que eran hombres más inteligentes que los indios
de Cuba; ya que los hombres de Cuba no usan taparrabo solo las mujeres usan una
ropa de algodón que les cubre hasta los muslos y les llaman enaguas.
Al otro día
volvió el cacique a nuestras naves y trajo doce canoas grandes y con señas con
una cara muy alegre y muestras de paz, nos indico que fuésemos a su pueblo para
darnos de comer y lo que necesitáramos y que utilizáramos las canoas que había
traído para ir a tierra; y en su lengua nos decía “Cones Cotoche, Cones
Cotoche”, que después supimos quería decirnos “vamos a mis casas” y por estas
palabras pusimos al lugar “Punta de Cotoche “ y así esta puesto en las cartas
de mareas (Hoy es Cabo Catoche 21°36´18.08”N; -87°06´12.27”O ).
Viendo
nuestro capitán y los demás soldados todas estas muestras de amistad, que nos
hacia el cacique, acordamos bajar nuestros bateles de los navíos y en el más
pequeño junto con las doce canoas, ir con ellos a tierra todos porque vimos
toda la costa llena de indios que se habían juntado de aquella población y
cuando desembarcamos, nuevamente el cacique dijo al capitán por señas que
fuésemos con él a sus casa con muchas indicaciones de amistad y se acordó que
fuéramos bien armados y llevamos quince ballestas, diez escopetas y espadas y
nos pusimos en camino siguiendo al cacique quien iba con otros indios y cuando
ya habíamos avanzado hasta llegar a un monte de maleza tupida, comenzó a gritar
y salieron varios escuadrones de indios
guerreros que nos estaban esperando para darnos batalla y matarnos.
Estos
escuadrones primero nos lanzaron una andanada de flechas hiriéndonos a quince
soldados; los guerrero venían protegidos con trajes de algodón acolchadas que les cubrían hasta
las rodillas y traían flechas que nos lanzaban con arcos y lanzas, también nos
lanzaban una gran cantidad de piedras con sus ondas y con la mano y se cubrían
la cabeza con penachos.
Después del
primer ataque, se vinieron sobre nosotros con sus lanzas y cuerpo a cuerpo nos
hicieron también mucho daño pero gracias a Dios y al apoyo de nuestras armas
los hicimos huir cuando conocieron el poder de nuestras espadas y la fuerza de
nuestras ballestas y más se asustaron al
ver caer a quince de sus guerreros, fulminados por el fuego de nuestras
escopetas, mas delante de este lugar llegamos a una placeta con tres casas
construidas de cal y canto y que eran templos y adoratorios en donde había
muchos ídolos de barro y mascaras con caras de demonio y otras que parecían de
mujer y parece que hacían sodomías en estos lugares entre ellos; dentro de
otras casas encontramos unas cajas chicas de madera en las que había otros
ídolos y unos medallones de medio oro y otros de cobre y unos pinjantes
(especie de medallas pequeñas) y tres diademas y piececillas de pescadillos y
patos de la tierra todos de oro bajo.
Cuando
descubrimos lo anterior, nos pusimos muy contentos por haber llegado a estas
tierras ya que aun faltaban veinte años para descubrir el Perú .De las cajas de
madera se encargo el clérigo González de llevarlas a los navíos mientras nosotros
seguíamos batallando con los indios, quienes huyeron cuando sintieron la fuerza
de nuestras escopetas armas que nunca habían conocido.
En aquella
escaramuza capturamos a dos indios que tenían
estrabismo y que después se bautizaron
como Julián y Melchor.
Una vez que
la batalla termino, nos volvimos a las naves para continuar costeando con rumbo
a donde se pone el sol ; con la certeza de que esta costa fuera de alguna gran
isla como de continuo nos lo decía el piloto Antón de Alaminos e íbamos
navegando con gran cuidado y lo hacíamos de día y de noche descansábamos, así
es de que después de quince días, llegamos a donde un pueblo; que desde las
naves se veía algo grande y cerca había una gran ensenada junto con una bahía en
donde pensamos abastecernos de agua de algún río o arroyo que existiera en ese
lugar, íbamos sedientos y queríamos llenar nuestras vasijas y pipas porque ya
no teníamos agua y nuestras pipas estaban secas por completo porque como eran
de boca abierta y sin tapa, no se podía mantener mucho tiempo el agua porque
nuestras pipas eran de las mas económicas ya que no tuvimos el oro suficiente
para comprar otras mejores.
Con la
necesidad de tomar y abastecernos de agua saltamos a tierra cerca del pueblo un
Domingo de Lázaro y así llamamos al
pueblo y así quedo en las cartas de marea, Aunque el nombre verdadero del lugar
es Campeche (19°49’55. ’’3 N,- 90°32’14.
’’21 O) Pero antes; nos pusimos de acuerdo para bajar en la nave más pequeña y
en tres bateles, y con nuestras armas cada uno no fuera a sucedernos como en
Cabo Catoche. En esta bahía había poco fondo, por lo que dejamos las naves más
grandes ancladas fuera de la misma a más de una legua de tierra y como ya lo he
dicho desembarcamos cerca del pueblo en donde había un buen pozo que abastecía
a los naturales de estas tierras.
Por toda la costa que dejamos atrás, no había
desembocaduras de ríos, por lo que nos apresuramos a llenar nuestras pipas y
vasijas para regresar de inmediato a las naves. Cuando estábamos listos para
volver a embarcarnos; llegaron a nosotros unos cincuenta indios que parecían
caciques porque venían vestidos con buenas mantas de algodón y por señas nos
preguntaron a que habíamos venido a sus tierras, les respondimos que solo a
abastecernos de agua y que ya nos retirábamos a nuestras naves y de nuevo nos
volvieron a preguntar si habíamos llegado por donde sale el sol, y a la vez
repetían la palabra “castilan, castilan”.
Bernal Díaz no tomo en cuenta estas palabras ; pero los
indios podían haberse referido a los soldados españoles que habían naufragado
unos años antes por estos lugares y que se encontraban viviendo en algún
poblado maya de la zona y quienes les habrían dicho que venían de Castilla y
que; como los españoles no pronunciaban bien los nombres de los poblados de
América, así también los naturales de estas tierras no pronunciaban bien los
nombres de las tierras Europeas, por eso dice en su crónica “Y no miramos en lo
de la plática del Castilan” (y no
tomamos en cuenta lo que querían decir con Castilan)
Luego de
esto, nos invitaron por señas a su pueblo y nos pusimos de acuerdo para ir muy
bien armados y con mucho cuidado y nos condujeron a unas casas muy grandes que
eran adoratorios de sus ídolos bien labrados con cal y canto; estas casa tenían
pintados en sus muros serpientes y culebras grandes y otras pinturas de ídolos
alrededor de un altar lleno de gotas de sangre y en otra parte de los ídolos
tenían pintadas cruces. Y según nos dimos cuenta esa vez habían sacrificado a
sus ídolos unos indios con la idea que los apoyaran cuando tuvieran que pelear
contra nosotros y salieran victoriosos. Y todas las mujeres y hombres de ese
pueblo andaban muy alegres caminando con mucha tranquilidad, pero comenzaron a
llegar mucha más gente de estos indios y empezamos a temer que nos pusieran
alguna trampa como la de Cabo Catoche.
Y estando en
este lugar, vimos que venían mas indios cargando cada uno unas varas de carrizos
secos, las cuales tiraron en un llano y tras de ellos llegaron dos escuadrones
de indios bien armados con arcos y flechas, lanzas, rodelas, hondas y piedras
protegidos con sus trajes acolchados de algodón y al frente de estos sus
respectivos capitanes quienes se pusieron frente a nosotros al mismo tiempo que
de otro adoratorio salieron diez
sacerdotes vestidos con mantas de algodón blancas largas que les llegaban hasta
los pies con sus grandes cabelleras enmarañadas y llenas de sangre las cuales
no se podrían peinar solo cortándolas ; estos sacerdotes traían una especie de
resina que ellos llaman copal el cual echaron en unos braceros pequeños y nos
comenzaron a sahumar y con señas nos indicaron que nos fuéramos de sus tierras
antes que se consumiera la leña que habían traído la cual encendieron en el
acto y si no lo hacíamos sus soldados nos matarían. Y sin decir más se fueron y
los guerreros comenzaron a silbar y a tañer sus trompetas y a hacer sonar sus armas y como teníamos muy
fresco lo de Cabo Catoche, porque se nos murieron dos soldados que tuvimos que
echar al mar y con el temor de los escuadrones de indios que esperaban para
atacarnos comenzamos a caminar por la playa hasta llegar cerca de un peñón y el
navío mas pequeño y los bateles nos siguieron por la costa después de subir los
recipientes con el agua y no quisimos
abordar cerca del poblado porque había mucha gente y temíamos nos atacaran al
hacerlo.
Una vez que
subimos a las naves comenzamos a navegar durante seis días con sus noches con
buen tiempo, pero de repente llego un norte que nos tomo de costado y duro
cuatro noches con sus días que nos hizo anclar y se nos rompieron dos cables y quedo
solo uno que estaba amarrado a una de las naves que si se rompía llegaríamos a
la costa y naufragaríamos .Cuando el tiempo amaino continuamos navegando y
acercándonos a tierra cuando podíamos para buscar agua pues como ya he dicho,
las pipas que traíamos no eran cerradas y no tenían tapas por lo que no
contenían el agua cuando se agitaba el mar y cómo íbamos por la costa creíamos
que hallaríamos agua donde quiera que saltásemos a tierra cavando pozos o en
jagüeyes que encontráramos.
Y yendo en
nuestro rumbo, vimos desde las naves un pueblo frente al cual había una
ensenada de una legua de largo que parecía rio o arroyo y con la nave más
pequeña y todos los bateles, nos acercamos a tierra y desembarcamos con
nuestras vasijas para tomar agua y bien preparados con ballestas y escopetas a
una distancia aproximada de una legua del pueblo que llaman Potonchan.
En el lugar
que desembarcamos había unos pozos y maizales y casas de cal y canto y cuando estábamos
llenando nuestras vasijas y pipas vinieron escuadrones de indios del pueblo
vestidos con sus trajes acolchados de algodón que les protegían hasta las
rodillas y armados con sus arcos, flechas , lanzas ,rodelas, hondas y espadas
de pedernal y penachos que usan así como las caras pintadas de blanco y negro
se acercaron en silencio como en son de paz y con señas nos preguntaban si
veníamos de donde sale el sol y les afirmábamos lo que preguntaban y nos dimos
cuenta que era la misma pregunta que siempre nos hacían como en Campeche pero
no entendíamos porque.
En esta parte se podría deducir que
los naturales de estos lugares conocían la historia de Quetzalcóatl y que como
todos, creían que estos españoles eran los enviados por éste a su antiguo
reino.
Cuando
comenzó a oscurecer se fueron todos a unas casas que estaban cerca y nosotros
hicimos guardias con gente bien armada porque vimos muy sospechosa a toda esta
gente.
Pues estando
despiertos toda la noche, escuchamos que se seguían juntando los escuadrones de
gente de guerra que venían de las estancias cercanas y el pueblo.
Y entendimos
que no se juntaban para hacer una fiesta. Y nosotros hicimos una junta para
ponernos de acuerdo que íbamos a hacer pues unos decían que nos regresáramos a
las naves pero como eran muchos indios tal vez nos alcanzaran y atacaran con más peligro que como decían otros atacásemos
durante la noche a los escuadrones que sería más recomendable ya que como dice
el refrán “El que acomete vence” con la diferencia que nos tocaba como a
doscientos indios por cada uno de nosotros.
Ya con el
día claro vimos venir por la costa gran cantidad de indios con sus trajes de
guerra que se juntaron con los que habían llegado durante la noche.
Formaron sus
escuadrones y comenzaron a atacarnos con
tal rociada de flechas, varas y piedras que arrojaban con sus ondas que
hirieron a ochenta de nuestros soldados y luego en la lucha cuerpo a cuerpo con
sus lanzas y otros a flechazos y otros más con sus macanas con navajas de
piedra muy afiladas y a pesar de darles gran cantidad de estocadas con nuestras
espadas y que las escopetas y las ballestas no paraban unos tirando y otros
preparando apenas se apartaban para tener distancia y volver a flecharnos. Y
estando en la batalla gritaban “Calamuchi, Calamuchi “que en su lengua quiere
decir que atacaran al capitán y lo matasen; y le dieron diez flechazos y a mi
tres uno de ellos muy peligroso en el lado izquierdo que atravesó las costillas
y todos nuestros soldados recibieron lanzadas graves y se llevaron a Alonso
Boto y a un portugués viejo.
Viendo
nuestro capitán que nuestro esfuerzo por repeler a tanto guerrero no funcionaba
debido a que nos cercaban tantos escuadrones y que venían mas de refuerzo y del
pueblo les traían de comer y beber y
muchas flechas y nosotros heridos a dos y tres flechazos y tres soldados
atravesados por la garganta , el capitán escurriendo sangre por todos lados ya
habían matado a cincuenta soldados y como ya no teníamos fuerza para seguir
peleando, acordamos con toda la fuerza de nuestro corazón romper el cerco y
llegar a los bateles para protegernos. Y nos juntamos todos y rompimos el cerco
tratando de librarnos de los flechazos y las lanzadas que nos hacían entre
gritos y silbidos. Y así llegamos a los bateles pero como llegamos en tropel
nos subíamos a uno solo y se hundía, así es de que unos se hacían a los bordes
y nadaban, solo así llegamos a la nave más pequeña que vino muy de prisa a
ayudarnos y desde ahí los atacaban los tripulantes y todavía al embarcar, hirieron a muchos
soldados principalmente a los que venían asidos a las popas de los bateles que
les tiraban desde tierra y aun se metían al mar y con las lanzas los hostigaban.
Y así con la ayuda de Dios escapamos de estas gentes.
Ya
embarcados hicimos el recuento de las pérdidas que fueron como he dicho,
cincuenta muertos y dos que capturaron los indios y cinco que más tarde
fallecieron por las heridas y por la sed los cuales echamos al mar y solo estuvimos peleando cerca de una hora.
El pueblo se
llama Potonchan o Champotón (19°21’26. ’’10 N,- 90°43’20. ’’33 O) pero los
pilotos y marinos le pusieron “Costa de Mala Pelea” y así está en las cartas de
mar, cuando nos curábamos nuestras
heridas algunos soldados se quejaban porque las heridas con el agua de mar se
habían hinchado y otros se habrían resfriado y maldecían al piloto Antón de
Alaminos que siempre dijo que las tierras descubiertas eran islas y no tierra
firme.
Cuando
estuvimos en los navíos, dimos muchas gracias a Dios y curados los heridos que
cual más tenía por lo menos tres y hasta cuatro heridas y nuestro capitán diez;
sólo un soldado quedo sin herir , acordamos volver a Cuba pero como dije la
mayor parte de la tripulación estaba herida, no teníamos quien izara las velas,
dejamos el más pequeño de los navíos después de repartir las velas ,anclas y
cables así como el personal que estaba sano de los otros navíos mas grandes y
le prendimos fuego, ya que teníamos otro gran problema que era la falta de agua
debido a que todos los recipientes que teníamos se quedaron en Champoton y no
pudimos rescatarlos debido a la guerra
que tuvimos con los naturales de ahí de donde salimos huyendo con mucha prisa
para salvar nuestras vidas. Era tanta nuestra sed, que teníamos la boca y
lengua con grietas por lo reseca pues no teníamos que tomar en las naves. ¡Oh
que cosa tan trabajosa es ir a descubrir tierras nuevas y de la manera que
nosotros nos aventuramos! .Nadie más que los que han pasado por estos trabajos
lo pueden valorar.
No existe una explicación para que se
quedaran en tierra después de haber llenado sus pipas con el agua necesaria.
Creyeron que no les harían nada si se quedaban y podrían ver que tenían de
valor en su pueblo para poder robárselo.
LLEGADA A LA PENÍNSULA DE LA FLORIDA
De manera
que con todo íbamos navegando muy cerca de la costa para poder hallar algún río o bahía para poder tomar agua y después de tres días vimos una ensenada en donde
pensamos hubiese un río o estero en donde saltaron a tierra quince marineros de
los que estaban sanos y tres soldados que también no tenían heridas muy
peligrosas y llevaron azadones y barriles
para traer agua pero el estero era salado e hicieron pozos en la costa y
también el agua era tan salada que amargaba que no hubo hombre que la pudiera
beber porque algunos hombres que la bebieron les hizo mucho daño, y en aquel
estero había muchos lagartos de gran tamaño y lo nombramos Estero de los
Lagartos(hoy Rio Lagartos 21°35’57.27’’N, -88°09’31.35’’O) que así quedo en las
cartas de marea. Mientras los bateles fueron por el agua, se levanto un viento
nordeste tan fuerte que estuvimos a punto de encallar cerca de tierra con los navíos, como aquella costa no está
protegida, reina por un lado el viento norte y por el otro el nordeste, al ver
el mal tiempo los marineros que habían bajado por el agua regresaron de prisa para
echar a tiempo las anclas y estuvieron seguros los navíos dos días con sus
noches para luego levantar anclas y dimos vela para nuestro regreso a la isla
de Cuba y el piloto Antón de Alaminos acordó con los otros dos pilotos que
desde aquel lugar atravesásemos a la Florida (26°01’53.63”N,-81°44’52.7”O)
porque según sus cartas ,grados y altura nos hallábamos a unas setenta leguas
de ésta y que puestos en la Florida sería mejor el viaje hacia la Habana y no
por donde habíamos venido porque según entendí había ido a descubrir con un
Juan Ponce de León hacia ya catorce o quince años la Florida y en donde mataron
a este.
Cuando
llegamos a la Florida , se mando a veinte soldados de los que estaban en
mejores condiciones y fui yo con ellos y el piloto Antón de Alaminos y
sacamos las vasijas y azadones que había
así como nuestras ballestas y escopetas y el capitán que estaba tan mal herido
nos rogó que le trajésemos agua dulce porque se secaba y moría de sed y bajamos
a un paraje que según el piloto Antón de Alaminos conocía de su viaje anterior
y que estuviéramos muy atentos, porque fue en este lugar que le mataron a Juan
Ponce de León los naturales de estas tierras así que pusimos dos vigías y en
una playa ancha hicimos pozos bien profundos donde pensamos que había agua
dulce porque en esa zona estaba la marea más abajo y quiso Dios que la
encontrásemos y nos hartásemos y laváramos los paños para curar a los heridos por
espacio de una hora y ya que estábamos a punto de embarcarnos con nuestra agua muy contentos; vimos a uno de los soldados que
habíamos puesto de vigías gritando “Al arma al arma que vienen muchos indios de
guerra por tierra y otros en canoas por el estero “ el soldado y los indios llegaron casi al mismo
tiempo contra nosotros y traían arcos muy grandes con buenas flechas y lanzas y
una especie de espadas y cueros de venado y eran fuertes y nos hirieron a seis de los nuestros a mí me dieron un flechazo ligero pero les dimos tanta batalla con las espadas,
escopetas y ballestas que se replegaron para ayudar a sus compañeros que venían
por el estero en las canoas y que estaban peleando con los marineros pie con
pie y ya les habían quitado el batel y lo llevaban por el estero hacia arriba y
ya tenían heridos a cuatro marineros y al piloto Antón de Alaminos lo habían
herido en la garganta así que los atacamos con las espadas y los hicimos soltar
el batel matando a veintidós de ellos
que quedaron tendidos en la costa y en el agua aparte hicimos prisioneros a
tres de ellos que estaban heridos y se
murieron en los navíos .
Después que
paso la refriega, preguntamos al vigilante que habíamos dejado que se hizo su
compañero Berrio que así se llamaba, dijo que lo vio que se apartaba con un
hacha en la mano para cortar un palmito y que iba hacia el estero por donde
llegaron los indios en son de guerra y que lo escucho gritar para dar la alarma
y que lo debieron matar; este soldado fue el único que no salió herido en la
batalla de Champoton y quiso la mala suerte
que aquí viniera a fallecer , nos organizamos y fuimos a buscar al soldado por
el lugar por donde habían llegado aquellos
indios y encontramos una palma que había cortado y muchas huellas alrededor por
lo que supusimos se lo llevaron vivo ya que no había rastro de sangre y lo
seguimos buscando por todos lados por más de una hora pero ya no lo encontramos
así que nos volvimos a embarcar en los
bateles y llevamos el agua dulce que les dio mucha alegría a los soldados como
si le devolviésemos la vida uno de los soldados que no aguanto más se arrojo
desde el navío al batel y tomo una botija y la bebió con tanta desesperación
que se hincho y murió después de dos
días .
REGRESO A CUBA
Y embarcados
con nuestra agua dimos vela para la Habana y pasamos por los bajos que llaman
los Mártires con tan mala suerte que la nave capitana toco unos arrecifes y se hizo tanto daño que todos los soldados
que ahí íbamos no podíamos mantenerla seca y teníamos el temor de que se nos
anegara y como había ya muchos marineros desesperados les decíamos “Hermanos
ayudad a achicar el agua pues estamos todos muy mal heridos y cansados por la
noche y el día” y respondían “Hacedlo vos pues no ganamos sueldo sino hambre y
sed trabajos y heridas como vosotros “. De tal forma que heridos y cansados
como estábamos izábamos las velas y dábamos en la bomba hasta que nuestro Señor
nos llevo al puerto de Carenas donde ahora es la villa de la Habana.
Luego que
llegamos escribimos a Diego Velázquez haciéndole saber que
habíamos descubierto tierras de grandes poblaciones y casas de cal y
canto y las gentes naturales de estas traían vestidos de algodón y cubiertas
sus vergüenzas y tenia oro y sembradíos de maíz
y nuestro capitán Francisco Hernández se fue desde ahí por tierra a la
villa de Sancti Espíritus ( 21°56’06.13”N, 79°26’37.7”O) en donde vivía y tenía sus indios y como iba mal herido, murió
después de diez días y los demás soldados también nos fuimos cada uno por su
lado y en la Habana murieron tres soldados por las heridas y nuestras naves
fueron al puerto de Santiago donde estaba el gobernador y después que desembarcaron
los dos indios Melchorejo y Julianillo, que capturamos en la Punta de Catoche, sacaron la arquilla con las diademas y
anadejos y pescadillos y otras pecezuelas de oro y también muchos ídolos exaltabanlos
de arte y se dio a conocer su fama en Santo Domingo y Jamaica y aun en Castilla
y los ídolos de barro decían que eran de los gentiles otros decían que eran de
los judíos que desterró Tito y Vespasiano de Jerusalén . Y como no se había
descubierto aun el Perú, Diego Velázquez preguntaba a los indios que si había
minas de oro en sus tierras y ellos le afirmaban que si y les mostraron oro en polvo y decían que
había mucho en su tierra pero era mentira porque en todo Yucatán no hay minas
de oro ni de plata. Y para mas mentiras la planta de donde se hace el pan de
cazabe se llama en Cuba “yuca” y los indios que llevaron la conocían como
“tlati” por la tierra en que la plantaban y los malos traductores que estaban
con Diego Velázquez le decían que los indios llamaban a su tierra Yucatán y así
se le quedo porque los indios decían que yuca era tatli y los españoles las
juntaron (Yucatatli).
Y Diego
Velázquez escribió a Castilla a los señores oidores que mandaban en el Real
Consejo de Indias que él había descubierto y gastado en descubrir mucha
cantidad de pesos de oro y así lo publicaba Don Joan Rodríguez de Fonseca porque era el presidente del
Consejo de Indias y lo escribió a su Majestad a Flandes y a nosotros no nos menciono que fuimos quienes
en verdad descubrimos todo lo que se atribuía el Diego Velázquez.
Analizando
toda esta relación podemos ver y es muy lógico , que Bernal Díaz y toda la gente que lo acompaño en estas aventuras era como dice
el mismo, para rescatar oro ( que bien podría ser depredar o robar oro) porque como conquistadores era a lo que
venían a este lado del mundo y lo demostraron en su primera incursión con los
pobladores de lo que debió haber sido el pueblo de Kankun(Ekab) quienes los
recibieron bien y los llevaron a sus casas (cones cotoche ) pero los españoles
viendo lo que tenían intentarían tomarlo por la fuerza lo que, aunque los pobladores
fueron muy amistosos, no permitieron que le robaran sus ídolos y cosas que
tenían en sus altares destinadas a sus Dioses. En estos pueblos la religión era
muy respetada como a la fecha es el pueblo mexicano así que no tuvieron sino
que correrlos con sus soldados y los españoles tomaron lo que la sorpresa
permitió que cogieran. Y después de esta refriega se extendió por toda la
península a lo que los hombres blancos y barbados que navegaban en grandes casas sobre el mar iban cuando
descendían de ellas y en las siguientes
poblaciones (Campeche y Champoton ) que intentaron entrar ya no les permitieron
hacerlo y los recibían a punta de lanza y flecha. Por lo que cuando regresaron
a Cuba solo llevaron lo que le quitaron al pueblo de Kankun (Ekab).
Luego que
regresamos de nuestra mala expedición, nos quedamos en la Habana algunos
soldados y yo recuperándonos de los flechazos recibidos; y ya que estábamos mejor, me junte con tres de
ellos para ir a la Villa de la Trinidad
(21°47’46.36”N,-79°58’50.52”O), a buscar un trabajo en la canoa de un vecino que se llamaba Pedro
de Ávila, quien llevaba una carga de camisetas de algodón a
vender: estas canoas son muy rudimentarias hechas de un tronco ahuecado y con ellas navegan a remo de costa a
costa, así que acordamos pagar al dueño
de la canoa diez pesos oro porque nos
llevara .Nos embarcamos y nos fuimos costeando por la banda sur a veces remando
y a ratos a la vela ya llevábamos navegando once días y estábamos cercanos a un paraje de un pueblo de indios
conocidos como Canarreos (El archipiélago de los Canarreos es la zona por la
cual viajo Bernal Díaz y en donde esto le ocurrió) y al los límites con la Villa de la Trinidad, se
levanto un viento tan fuerte por la
noche, que no nos pudimos sostener en el mar a pesar de que Pedro de Ávila
traía unos indios muy buenos para remar ni con nuestra ayuda y nos hizo chocar
contra unas piedras que se llaman “Diente perros” o seborucos( 21°53’28”N,-80°16’19”O)
que son muy grandes en esos lugares de tal forma que se perdió la canoa junto
con la mercancía y nosotros salimos desnudos totalmente , porque para evitar
que se partiera la canoa y pudiéramos nadar mejor, nos tuvimos que deshacer de
nuestras ropas . Cuando logramos salir a
salvo , para ir a la Villa de la trinidad no encontramos camino, de manera que
tuvimos que caminar por la costa sobre
seborucos y malpaíses que son piedras con bastantes perforaciones y que
tienen mucho filo en el borde de cada
perforación que cortan la planta de los pies y las olas que nos golpeaban, con
las plantas de los pies sangrando y
caminando con mucho trabajo por estos lugares, llegamos a una playa de
arena y caminando por dos días más , llegamos a un poblado de indios conocido como
Yaguanabo (21°51’43.97”N, -80°12’36.94”O) del cual en aquel tiempo era el
Clérigo, presbítero el Padre Fray Bartolomé de las Casas, quien después fue
Obispo de Chiapas.
Ahí nos
dieron de comer y otro día fuimos a otro pueblo que se llama Chipiana* que
pertenecía a un Alonso de Ávila y de un Sandoval que era natural de Tudela del
Duero y desde este pueblo nos fuimos a la villa de la Trinidad, ahí un amigo de
mi pueblo que se llamaba Antonio de Medina; me dio unos vestidos que se usaban
en la isla y desde ahí me regrese con todo y mis pobrezas y trabajo a Santiago
de Cuba a hablar con el gobernador, quien me recibió con mucho gusto ,pues ya
se estaba preparando para enviar otra expedición y me dijo si ya estaba
recuperado para volver a Yucatán , a lo que yo respondí riendo quien le puso
Yucatán porque haya no se llamaba así . Y dijo que los indios que trajimos lo
decían. Yo le respondí que mejor nombre sería la tierra donde nos mataron más
de la mitad de los soldados que a aquella tierra fuimos, y todos los más
salimos heridos. Y respondió “Bien se que pasaste muchos trabajos porque así es
descubrir tierras nuevas por ganar honra. Su Majestad os lo gratificara y yo así
lo escribiré” y ahora hijo mío ve a
presentarte con el capitán Joan de Grijalva con mi recomendación.
*(No se ubico este lugar quizás
porque haya desaparecido o solo era la propiedad del conquistador, o el autor
no dio el nombre exacto)
SEGUNDA EXPEDICIÓN AL CONTINENTE
Era año de
1518 y ya el gobernador de Cuba Diego Velázquez que era mi primo estaba
preparando una nueva expedición a Yucatán
con base en lo relatos que
habíamos traído de las tierras que descubrimos y para ello se enviarían cuatro
naves, dos de los cuales eran en los que regresamos con Francisco Hernández y otros dos que compro Diego Velásquez con su dinero
y los cuatro navíos eran de él.
En aquel
momento que se ordenaba la nueva expedición, estaban en Santiago de Cuba Juan
de Grijalva, Alonso de Dávila, Francisco de Montejo y Pedro de Alvarado que
habían llegado para negociar con Diego Velázquez debido a que todos tenían indios en
encomienda en la isla y eran hombres ricos.
Acordaron
que Juan de Grijalva que era pariente de Diego Velázquez, iría como capitán
general y Alonso de Dávila, Francisco Montejo y Pedro de Alvarado serian
capitanes de cada una de las naves sobrantes y cada uno de estos puso
matalotaje de pan de cazabe y alimentos como tocino, así también Diego
Velázquez surtió a la flota con cuentas y cosas de poca valor y menudencias como legumbres. Y a mi mando
como Alférez.
Con lo
famosas que se volvieron las tierras que
descubrimos, porque eran ricas y había casas de cal y canto; incrementando esto
por el indio Julianillo que trajimos de
la Punta de Cotoche, de que había mucho oro se desato la avaricia de los
vecinos y soldados que no tenían indios en la Isla y se ofrecieron de inmediato
para salir en la nueva expedición por lo que rápidamente se juntaron doscientos
cuarenta voluntarios quienes aportaron de su dinero para armas y matalotaje y
lo que hiciera falta.
Las
instrucciones de Diego Velazquez fueron
que se recabara todo el oro y la plata que se pudiera, y si se podía poblar que
se poblara si no que regresáramos a Cuba.
En eta
expedición fue como inspector un tal Peñalosa natural de Segovia, el clérigo
Juan Díaz de Sevilla y como pilotos se volvió a llevar a Antonio de Alaminos, y
Rodrigo de Triana así como a Juan
Álvarez el Manquillo y otro llamado Sopuesta
natural de Moguer .
Los Hidalgos
que capitaneaban las naves eran hombres
que fueron ganando políticamente lugares por su desempeño.
Así Pedro de
Alvarado fue adelantado y Gobernador de Guatemala (15°46’39.10”N,-90°13’44.23”O)
y también comendador del Señor Santiago. Francisco de Montejo fue adelantado de
Yucatán (20°42’35.56”N,-89°05’39.62”O) y gobernador de Honduras (15°11’44.08”N,-89°05’39.62”O).
A Alonso Dávila no le fue tan bien como a los otros pues lo prendieron los franceses.
Una vez
armada la expedición, nos trasladamos por la banda norte de la Isla a un puerto
conocido como Matanzas (23°03’15.46”N,-81°34’24.48”)
que está cerca de la Habana vieja y que en aquel tiempo no estaba poblada y en aquel puerto procedimos al avituallamiento de las naves. Este puerto
de Matanzas tomo el nombre de un suceso que aconteció en la época que aun no se
conquistaba la isla de Cuba (21°54’46.86”N,-77°47’10.94”O) .
En este
lugar naufrago un navío cerca de la desembocadura del rio con treinta
españoles a bordo entre ellos dos mujeres ,en ese momento llegaron muchos
indios de la Habana y de otros poblados con la intención de ayudarles a cruzar
el rio que era muy ancho y caudaloso,
pero sus intenciones eran las de matarlos lo que no quisieron hacer en tierra y
con buenas palabras en su idioma, les hicieron saber que los auxiliarían
pasándolos en sus canoas para llevarlos
a sus pueblos y darles de comer por lo que los náufragos no
desconfiaron y se subieron a las canoas; ya que estaban a medio rio ,
comenzaron a matarlos de tal forma que
solo quedaron tres hombres y una mujer muy hermosa que se llevo el cacique de aquellos
indios que hicieron la traición por eso
el puerto lleva este nombre y así esta en las cartas de mareas.
Yo conocí a
esta mujer cuando se conquisto la isla de Cuba y se la quitaron al cacique de su poder y la
vi casada con Pedro Sánchez Farfán con quien se fue a vivir a la Villa de la
Trinidad y también a los tres españoles
sobrevivientes de la matanza, uno era Gonzalo Mejía, hombre maduro natural de Jerez,
otro se llamaba Joan de Santisteban joven natural de Madrigal y el otro que conocí
como Cascorro natural de Moguer, hombre de mar.
Y después de
haberme detenido para hacer este relato
que unos cronistas me pidieron que hiciera y que considero interesante para las
futuras generaciones, que sepan los orígenes de algunos lugares en los que
estuve, continúo con mi relato del nuevo viaje.
Una vez
listos y reunidos todos los soldados y acatando las ordenes de cómo tendrían
que llevar encendidos los faroles de noche , escuchamos misa y el día ocho de Abril
de 1518 ; zarpamos y a los diez días
llegamos a la punta de Guaniguanico que también se llama San Antonio y que era
el mismo camino de la primera expedición.
DESCUBRIMIENTO DE COZUMEL, LA LAGUNA
DE TÉRMINOS Y EL RÍO GRIJALBA Y OTROS MÁS.
A los
siguientes diez días avistamos la isla de Cozumel
(20°25’22.74”N,-85°55’20.44”O), la cual descubrimos porque la corriente que nos
llevo a ella nos arrastro más abajo que la expedición anterior.
Navegando
por la banda sur de la isla, vimos un pueblo con pocas casas y ahí cerca un
buen atracadero limpio de arrecifes, ahí
saltamos a tierra con el capitán y un buen número de soldados, pero los
naturales de aquel pueblo salieron huyendo desde que vieron al barco asustados
porque nunca habían visto un navío a toda vela y de tal magnitud; los soldados
hicieron un reconocimiento de la zona y descubrieron ocultos en un sembradío de
maíz, a un par de indios viejos que no
podían andar y se los llevamos al capitán y como venían con nosotros los indios
Julianillo y Melchorejo de la primera expedición, se comunicaron con ellos en su misma lengua porque esta isla y
la tierra de ellos están separadas unas cuatro leguas y el idioma es el mismo.
Y el capitán
los trato muy bien y les regalo unas cuentas y los envió a llamar a los
caciques de aquel pueblo y se fueron pero no regresaron nunca. Y estando
esperando a los caciques, vino una india joven muy bonita que hablaba la lengua
de Jamaica a contarnos que todos hombres y mujeres de aquel pueblo se fueron a
esconder al monte. Y esta lengua la entendimos muchos de los soldados y yo
porque se parece a la de Cuba y nos sorprendimos mucho porque estaba muy lejos
de su pueblo por lo que le preguntamos cómo había llegado hasta ahí; nos conto
que hacía ya dos años que salió a pescar a unas isletas con su marido y diez
indios mas en una canoa grande , pero que los sorprendió la corriente y los
hizo naufragar en aquella tierra y los indios del lugar los tomaron presos y sacrificaron a sus
ídolos a todos junto con su marido.
El capitán
pensó que sería buena mensajera y le envió a llamar a los caciques y toda su gente,
poniéndole dos días como plazo para que regresara, ya que no quiso mandar a los
indios Julianillo y Melchorejo temiendo que una vez libres huirían a su tierra
que estaba muy cercana, a los dos días regreso la india con la respuesta que
ninguno quería venir por mas que les insistió. Como era costumbre le pusimos a
este pueblo Santa Cruz porque fue el día que llegamos. Había en este pueblo muy
buenos colmenares de miel y patatas así como puercos de la tierra que tiene en
el espinazo el ombligo ,había en esta isla tres pueblos, este que era el mayor al que llegamos y dos más pequeños uno en cada
extremo de la misma y tendrá de ancho
unas dos leguas . Esto lo vi cuando regrese con Cortes en la tercera expedición
.Como el capitán vio que era perder el
tiempo estar ahí esperando, ordeno que nos embarcáramos para continuar nuestro
viaje y la india de Jamaica se fue con nosotros.
Una vez que
nos embarcamos pusimos el rumbo de la primera expedición y en ocho días
llegamos el pueblo de Champoton que fue donde nos deshicieron los indios de ese
lugar. Como en aquella ensenada baja mucho la marea, anclamos los navíos a una
legua y en los bateles desembarcamos la
mitad de los soldados y como la primera vez, los indios del lugar se juntaron y
muy ufanos por la primera batalla, armados como lo hacían con arcos ,flechas
,lanzas tan largas como las nuestras y otras
más pequeñas y rodelas y macanas tan gruesas como dos manos así como piedras y
hondas y protectores de algodón , trompetillas y tambores, muchos de ellos
pintados de la cara de negro y blanco y otros de colorado y blanco y preparados
esperándonos en la costa para cuando llegásemos atacarnos . Y con la experiencia
anterior íbamos bien preparados con falconetes, ballestas y escopetas. Una vez
que llegamos a tierra, nos comenzaron a
flechar y con las lanzas a herirnos y aunque con los falconetes los heríamos,
ellos nos tiraban tal cantidad de flechas, que antes que tomáramos tierra, ya
nos habían herido a la mitad de los nuestros. Cuando nuestros soldados pudieron saltar a tierra, les bajamos un poco
el empuje a estocadas y cuchilladas y con las ballestas pues aunque nos
flechaban de muy cerca, todos llevábamos protecciones de algodón y todavía nos
dieron guerra un buen rato hasta que los hicimos retroceder a unas ciénagas
junto al puerto.
En esta
guerra mataron a siete soldados entre ellos a un principal llamado Juan de
Quiteria, al capitán Juan de Grijalva le dieron tres flechazos y le quebraron
dos dientes e hirieron a unos sesenta soldados .Y como vimos que los enemigos
salieron huyendo nos fuimos al pueblo a curar a los heridos y enterrar a los
muertos y el pueblo quedo vacío y los que se habían ocultado en la ciénaga, ya
se habían desbandado.
En aquella
escaramuza se prendieron tres indios, uno de ellos era jefe, y con la ayuda de Julianillo
y Melchor les dijo el capitán que fueran a traer al cacique que le dijeran que
les perdonaban lo que habían hecho y les mando cuentas verdes como señal de paz.
Se fueron y nunca regresaron y pensamos que Julianillo y Melchor no les dijeron
lo que se les ordeno sino todo lo contrario
y permanecimos en el pueblo por tres días. Como anécdota de la lucha,
recuerdo había en el lugar unos prados, los cuales estaban llenos de pequeñas
langostas y cuando estábamos en la batalla, saltaban y volaban directo a
nuestras caras y como la cantidad de
flechas que nos estaban lanzando los indios era también como granizada,
confundíamos las flechas con langostas y no nos protegíamos y nos herían, y
cuando pensábamos que eran flechas eran langostas y nos estorbaron mucho estos
insectos. Después de estar esperando a los indios sin ningún resultado,
procedimos a embarcarnos y continuar nuestro rumbo.
Continuamos
navegando y llegamos a una boca que parecía de rio muy grande y caudalosa pero
no era rio sino un muy buen puerto que está entre las tierras formando un
estrecho era tan ancha la boca que decía el piloto Antón de Alaminos que era
isla y que partía términos con la tierra
y por esto le pusimos Boca de Términos y así esta en las cartas de mareas (
18°46’ 27.72”N,-91°30’27.17”O hoy es
Laguna de Términos en Campeche). Y ahí saltamos todos con el capitán Juan de Grijalba y estuvimos tres días
sondeando la boca de aquella entrada y explorando de arriba a abajo la ensenada
y nos dimos cuenta que no era isla sino una muy buena ensenada y buen puerto y
encontramos en tierra templos de cal y canto con ídolos de barro , de madera y
de piedra que eran figuras de sus Dioses y otros como mujeres y
serpientes así también había
muchos cuernos de venado y pensamos que
había cerca algún poblado con tan buen puerto , pero no había nada ya que este
lugar lo ocupaban como adoratorio,
mercaderes y cazadores de pasada con
sus canoas y ahí sacrificaban y había
mucha caza de venados y conejos y matamos diez venados y muchos conejos con una
lebrela que al volver a embarcarnos se
quedo en tierra porque no estaba cercana cuando subimos a las naves .
Continuamos
con nuestro viaje costeando con rumbo
Poniente navegando de día ya que de noche temíamos a los bajos y arrecifes y
después de tres días, llegamos a una desembocadura muy ancha y nos
acercamos con los navíos cerca de tierra porque parecía buen puerto , conforme
nos acercábamos a la desembocadura, vimos como reventaban los bajos antes de
entrar al rio y desde ahí bajamos los bateles y comenzamos a sondear para
darnos cuenta que los dos navios mas grandes no podían entrar al puerto por lo
que se anclaron afuera en el mar y con los dos navios más pequeños y los
bateles fuésemos todos soldados debido a que habíamos visto muchos indios
fuertemente armados en sus canoas y en las riberas del rio como en Champoton. Por lo que pensamos que por ahí había un
pueblo grande y también cuando
veníamos costeando, vimos muchas redes con
las que pescaban y a dos de ellas se les tomo el pescado con un batel que traíamos
arrastrando en la nave capitana. Este
rio se llama Tabasco y como lo descubrió
el capitán de la expedición se le llamo Rio Grijalva ( 18°36’15.80”N,-92°45.37”O)
y así está en las cartas de mareas. Cuando íbamos llegando a media legua del
pueblo, oímos un gran ruido como de corte de madera y era que estaban haciendo
grandes mamparas y fuertes palizadas y se preparaban para pelear en
nuestra contra y cuando desembarcamos en
una parte de aquella tierra, en donde había unos palmares que estaban a media
legua del pueblo y desde que nos vieron desembarcar vinieron unas cincuenta
canoas con guerreros fuertemente armados con flechas ,arcos armaduras de
algodón , rodelas y lanzas y sus tambores y penachos, y entre el estero había
más gente armada en sus canoas y se
estuvieron apartados y estábamos
preparados para dispararles con las escopetas y ballestas pero gracias a Dios que
los llamamos mediante Julianillo y Melchorejo que sabían muy bien aquella
lengua y se les dijo que no tuvieran
temor por nuestra presencia que queríamos hablar con ellos cosas que les si
entendían les agradaría mucho nuestra llegada allí y a sus casas y les
queríamos dar regalos que traíamos .
Cuando se convencieron, se acercaron cuatro canoas y en ellas unos treinta
indios y se les ofrecieron sartalegos de cuentas verdes espejuelos y diamantes
azules y parece que se convencieron
luego que los vieron porque cambio su semblante pensando que eran chalchivies que ellos
aprecian mucho.
Entonces el
capitán les dijo por medio de Julianillo y Melchorejo que veníamos de tierras
lejanas y éramos vasallos de un gran emperador llamado Don Carlos quien tiene
por vasallos a grandes emperadores y caciques y que ellos deben tenerlo por
señor porque les iría muy bien y que a cambio de aquellas cuentas nos dieran
comida y gallinas.
Y
respondieron dos de ello uno que era Caudillo y otro sacerdote, que nos darían
el bastimento que requeríamos por nuestras cuentas pero que en lo demás ; “Que
señor tenían y que apenas estábamos llegando y sin conocerlos ya les queríamos dar señor “ y que tuviéramos
cuidado de querer hacerles la guerra , porque tenían ya preparados tres
jiquipiles de guerrero de aquellas provincias
para pelear contra nosotros , cada jiquipil son ocho mil hombres y nos
dijeron que sabían que hacía unos días habíamos matado y herido a más de
doscientos hombres en Potonchan pero que ellos no eran tan débiles como los de
Potonchan y por esto habían venido a
hablar con nosotros para saber que queríamos porque esto lo irían a comentar con los
caciques de otros pueblos para tratar la guerra o la paz , el capitán le
entrego unas cuentas y los abrazo y les dijo que volviesen con la respuesta lo
más rápido pero si no venían nosotros iríamos a su pueblo pero no para
atacarlos . Y aquellos mensajeros que enviamos hablaron con los caciques y sacerdotes que también tienen voto y dijeron que hiciéramos la paz y nos darían
comida y que entre todos los pueblos de
la comarca se buscaría un presente de oro para dárnoslo y hacer amistad y no
les pasara como a los de Potonchan . De acuerdo a lo que supe con el tiempo, en
aquellas provincias y tierras de la Nueva España que era la costumbre dar algún
regalo cuando se hacía la paz. Y estando en ese lugar de palmares , vimos
llegar un día a unos treinta indios que venían con el cacique y traían pescado
asado, gallinas y frutas del zapote , pan de maíz y unos braceros encendidos y
con sahumerios para sahumarnos a todos y pusieron en el suelo unas alfombras
que en estas tierras se conocen como petates y encima colocaron una manta sobre
la que pusieron unas joyas de oro que eran diademas y ánades como las de
Castilla y joyas con forma de lagartijas y tres collares de cuentas vaciadas
y algunas cosas mas de oro de poco valor que no valían ni doscientos pesos, y
también trajeron unas mantas y camisas de las que ellos usan y nos dijeron que
lo recibiéramos de buena voluntad porque no tenían mas oro que darnos, que, donde si había mucho era más adelante por
donde se ponía el sol y nos nombraban dos palabras “Colua, Colua” y” México,
México” pero no entendíamos que era Colua y menos México y como esos regalos
vimos que no tenían mucho valor los aceptamos como bueno pero no nos convenció.
Después que
nos entregaron los presentes, dijeron que nos fuésemos hacia donde nos habían dicho. El Capitán
Grijalva les dio las gracias y mas cuentas verdes y tornamos a embarcarnos
porque los dos navios que dejamos afuera del rio estaban expuestos al temporal
y porque queríamos llegar a donde nos dijeron que había oro.
Una vez que
nos volvimos a embarcar continuamos navegando a lo largo de la costa y después
de dos días vimos un pueblo conocido como Ayagualulco, (Agualulco que es hoy la Villa de Sánchez Magallanes) (
18°18’26.91N,-93°50’50.33”O) y por la playa andaban unos indios con unos
escudos de concha de tortuga que relumbraban con el sol y algunos de nuestros
soldados insistían obstinadamente que eran de oro bajo.
Y los indios
que las traían iban golpeándose con ellos las piernas como mofándose de
nosotros porque como estaban protegidos en la playa y con los arenales no podíamos acercarnos. A
este pueblo le pusimos como nombre, La Rambla y así esta en las cartas de mareas.
Continuando con nuestra navegación pasamos frente al rio Tonalá ( 18°12’55.73”N,-94°07’53.71”O
)que esta junto a una ensenada al cual
cuando regresamos, entramos y le nombramos rio San Antón y así quedo en las
cartas de mareas .
Continuando
con nuestra navegación, llegamos a la desembocadura del grandioso rio
Guacacalco (Coatzacoalcos) (18°09’34.81”N,-94°24’43.45”O) en donde tuvimos que
entrar no por conocer, sino por que se avecinaba un temporal, desde este lugar
descubrimos las grandes sierras nevadas cubiertas de hielo todo el año y
también descubrimos otras cierras que están más cercanas al mar a las cuales le pusimos San Martin
porque quien las descubrió fue un soldado que iba con nosotros y que así se
llamaba y venía de la Habana.
Al salir de
este rio continuamos con nuestro rumbo, y en esta ocasión el capitán Pedro de
Alvarado se adelanto a la expedición con su navío y entro en un rio que los
indios del lugar conocían como Papaloaba
(Papaloapan 18°47’33.30”N,-95°44’46.08”O),y nosotros lo nombramos como Rio de
Alvarado en este lugar unos indios pescadores le dieron pescado a Pedro de
Alvarado y le dijeron que eran de un pueblo conocido como Tacotalpa
(Tlacotalpan 18°36’39.82”N,-95°39’23.91”O) , ahí estuvimos espererandolo hasta
que salió y fue reprendido por el capitán general quien le recomendó no volver
a alejarse de esta forma de la expedición solo, pues podría tener algún
problema y no habría quien lo ayudara de nosotros.
Se decía en
España por personas que han estado en la Nueva España que México era una gran
ciudad construida en el agua como Venecia y tenía un gran señor como rey de
esta y muchas provincias en una extensión dos veces más grande que nuestra
Castilla cuyo nombre era Moctezuma el cual quería gobernar más de lo que no
podía. Y que supo de la primera expedición cuando venimos con Francisco
Hernández de Córdoba y lo que nos paso en la batalla de Cotoche y Champoton y
lo que en esta expedición con los mismos guerreros de Champoton quienes se
aliaron con otros pueblos que eran bastantes y nosotros muy pocos; los
vencimos, y lo que paso en el rio Tabasco con los caciques de ese lugar y supo
que lo que más queríamos era conseguir oro a cambio de las cuentas y espejos
que traíamos. Toda esta historia se la habían llevado perfectamente dibujada en
paños de henequén que parece lino.
Como supo
que íbamos por la costa hacia sus provincias, mando a sus representantes para
cambiar el oro por nuestras cuentas en especial las verdes que las aprecian
mucho como esmeraldas pero también para saber cuáles eran nuestras intenciones.
Y lo que supimos fue que sus antepasados les habían hecho la predicción que
gente con barbas que venían por donde sale el sol, los vendrían a gobernar.
PRIMER ENCUENTRO CON LA COMITIVA DEL IMPERIO AZTECA
Por una u
otra razón había muchos indios del gran Moctezuma en guardia en aquel rio ( Que
es muy probable que sea el rio Jamapa 19°05’58.31”N,-96°06’12.26”O el cual comienza en las faldas del pico de
Orizaba o Citlaltepetl, que era la montaña nevada que descubrieron desde la
desembocadura del rio Coatzacoalcos ) con unas varas muy largas y en cada vara
una bandera de manta de algodón blanca enarbolándolas y llamándonos como en son
de paz y nos sorprendimos mucho con estas
muestras de amistad y para saber de qué se trataba, se acordó con el
capitán general, con todos los capitanes, se bajaran dos bateles al agua cada
uno con todos los ballesteros y escopeteros y con veinte soldados de los más aguerridos
para el combate y que Francisco de
Montejo fuera como comandante y que en el caso que viéramos que eran guerreros
los que nos estuvieran esperando se los hiciéramos saber de inmediato o
cualquier cosa aunque fuera buena, les avisáramos . Y en aquel momento quiso
Dios que el mar estaba en calma en la costa lo cual pocas veces sucede y nos
ayudo a llegar a la playa en donde nos aguardaban tres Principales de Moctezuma
y uno de ellos traía muchos indios a su servicio pues parecía el representante
del Emperador. Ahí tenían gallinas de la tierra, pan de maíz y frutas como
piñas, zapotes de los que llaman mameyes, estaban a la sombra de unos árboles y
tenían petates en donde por señas nos mandaron
a sentar, porque aunque iba Julianillo con nosotros, no entendía su
lengua que es mexicana, como ya era costumbre, trajeron braceros de barro
pequeños y nos sahumaron con una especie de resina.
Viendo todo esto,
el capitán Montejo mando a decir al general y ya que lo supo se acerco con
todos los navios y bajo a tierra con todos los capitanes y soldados, y cuando
los hombres de Moctezuma lo vieron y supieron que era el capitán general le
hicieron a su modo muchas reverencias y les agradeció y mando que les dieran
diamantes azules y cuentas verdes y
mediante señas les dijo que trajeran oro para cambiar y el representante del
emperador ordeno a sus sirvientes que dijeran a los pueblos de la comarca, que
trajeran a cambiar las joyas de oro que tuvieran y ahí estuvimos por seis días
y durante ese tiempo trajeron mas de dieciseismil pesos en joyas pequeñas y de
oro bajo y de muy diversas formas, ya que por estas provincias del rio Grijalva
no hay oro ni en sus alrededores sino las pocas joyas que consiguen en sus
viajes al reinado de Moctezuma , en este lugar se unió a nuestra expedición un
indio que aprendió el castellano y se volvió cristiano bautizándose como
Francisco que luego se caso con una india. También se tomo posesión de esta tierra
en nombre de su Majestad y como vio el general que ya no traían mas oro para cambiar
y los navios estaban en riesgo por estar en una zona cercana a la costa de
travesía de los vientos Norte y Nordeste, procedimos a embarcarnos por ordenes
del capitán general .Y continuando con nuestra navegación costera, mas adelante
vimos una isleta que estaba a unas tres legua de tierra y tenía la arena muy
blanca y le pusimos isla La Blanca(19°13’34.29”N,-96°03’18.04”O)* y no muy
lejos de esta isla esta otra isla que tenía muchos árboles verdes y esta isla
esta a unas cuatro leguas de la costa y esta isla le pusimos La isla Verde
(19°11’58.94”N,-96°04’00.21”O) y así están en las cartas de mareas; continuando
nuestro viaje, vimos una isla mucho más grande que las anteriores y estaba a
una legua y media de la costa y enfrente de ella había un buen fondeadero donde
el capitán general mando fondear. Y echados los bateles al agua el capitán Juan
de Grijalva con muchos soldados fuimos a ver la isla porque se veía humo en
ella y encontramos dos casas hechas de cal y canto con escaleras por donde se
subía a unos altares en donde había unos ídolos con figuras muy feas y eran sus
dioses y encontramos sacrificados a cinco indios que estaban abiertos en canal
por el pecho con los brazos y muslos
cortados y las paredes de estos adoratorios salpicadas de sangre y todo esto
nos causo mucha sorpresa por lo que pusimos a este lugar Isla de Sacrificios
(19°10’12.29”N,-96°05’13.63”O) y así está en las cartas de mareas .
Enfrente de
esta isla desembarcamos en unos arenales en donde hicimos chozas sobre los más
altos para evitar a los mosquitos que había en gran cantidad ahí y sondeamos
con los bateles el fondeadero y vimos que había buen fondo y abrigo del Norte
para los navios. Hecho lo anterior fuimos con el capitán general treinta
soldados bien armados en dos bateles a otra isleta que estaba a media legua de
la costa y encontramos un templo donde estaba un ídolo muy grande y feo al cual
llamaban Tescatepuca (Tezcatlipoca) y había con el cuatro indios vestidos con
mantas sucias y muy largas con capas parecidas a las de los canónigos o los
dominicos y eran los sacerdotes de este ídolo y ese día habían sacrificado a
dos jóvenes habiéndoles abierto el pecho y ofrecido al ídolo su sangre y
corazones .
Estos
sacerdotes estaban sahumando a su ídolo con alguna esencia y cuando vieron que
llegamos, intentaron sahumarnos pero no aceptamos porque sentimos mucha lástima
por los jóvenes sacrificados con tanta crueldad .El general le pregunto por
señas porque aun no conocíamos la lengua mexicana, al indio Francisco que
traíamos del rio banderas el cual
*La posición de la Isla La blanca se
supone con base en la descripción que el mismo Bernal Díaz dice,…..Y no muy
lejos de esta isleta blanca, vimos otra isla que tenía muchos árboles verdes.
Por lo que suponemos que esta isla era temporal pero aun se ve al NE de la isla
verde a 3.17km aprox.
se veía inteligente,
el porqué de este sacrificio. Quien le contesto ¡Ulúa!..!Ulúa! que los de Ulúa
los mandaban a sacrificar .Por ser Junio de San Juan y como el capitán también
se llamaba Juan le pusimos a la Isla San Juan de Ulúa, y ahora es un puerto muy
conocido en el que están construidos grandes muros protegiendo a los navios del
viento Norte, y ahí llegan a desembarcar todas las mercancías de Castilla que
van a la Nueva España.
Y estando en
estos arenales vinieron indios de todos los pueblos de los alrededores a
cambiar su oro en joyas con nosotros pero era muy poco lo que traían y también
de muy poco valor , que no lo tomábamos en cuenta y ya habían pasado siete días
y con la cantidad de mosquitos no podíamos estar y teniendo ya la certeza que
estas tierras no eran islas no eran
tales sino tierra firme, y que había grandes poblaciones y gran cantidad
de indios, y el pan que traíamos ya se había empezado descomponer y los
soldados que quedábamos no éramos suficiente para poblar y mas que ya habíamos
perdido a trece por las heridas y otros cuatro heridos, optamos por hacérselo
saber a Diego Velázquez para que nos enviase socorro ,aunque Juan de Grijalva
mosto mucha voluntad para poblar con tan poca gente pero no era posible, por lo
que escogimos al capitán Pedro de Alvarado para que en el navío San Sebastián
realizara esa campaña. Y se acepto que este capitán fuera por dos cosas que traía
en su contra una por haber desobedecido al capitán general en su entrada al rio
Papaloapan solo y la otra porque había venido a esta expedición de mala gana y
medio enfermo, así que se acordó que llevara todo el oro que se había rescatado
y las mantas obtenidas. Y cada uno escribió a Diego Velázquez lo que quiso.
Cuando
salimos de Cuba ,Diego Velásquez se quedo muy preocupado por lo que pudiera
pasarnos y después de un tiempo
razonable, envió una nave pequeña en nuestra busca con soldados a las órdenes
de Cristóbal de Olid quien después fue maestre de campo de Hernán Cortez .Y le
mando que siguiera la ruta de Francisco Hernández de Córdoba hasta
encontrarnos, pues estando anclado cerca de tierra en Yucatán, lo alcanzo un
fuerte temporal y por no enredarse en las amarras de las anclas, el piloto que
traía mando cortar los cables y se quedo sin anclas y tuvo que devolverse a
Cuba; y si estaba preocupado antes de mandar a Cristóbal de Olid en nuestra
busca peor se puso cuando lo vio llegar sin ninguna razón de nosotros. Y en
esta situación estaba cuando llego el capitán Pedro de Alvarado con el oro, las
mantas y los heridos y con una relación muy amplia de lo que habíamos descubierto. Desde que el
gobernador vio todo el oro que había llevado Pedro de Alvarado, que como estaba
labrado en joyas parecía más de lo que era en verdad y había muchas personas de
la villa y otras que venían a resolver asuntos de otros lugares quedaron muy
asombrados después que los oficiales del rey tomaron el real quinto para su
majestad , por haber descubierto unas tierras tan ricas y como Pedro de
Alvarado sabia platicarle , Diego Velazquez estaba muy contento y si antes de
esto ya estas tierras eran famosas, ahora su fama fue mucho mayor en las islas
y en la misma Castilla.
Mientras
tanto nuestro capitán general ordeno a los capitanes y soldados que quedamos,
seguir navegando por la costa para ir descubriendo lo mas que se pudiera y
continuando con nuestra navegación, vimos las sierras conocidas como Tuzla
(Tuxtla 18°32’40.79”,-95°11’29.39”O)** , y dos días después vimos otra sierra
muy alta que ahora se llama de Tuzpa ( la Sierra Norte de Puebla
20°08’30.22”N,-97°51’44.30”O) y continuando con nuestro rumbo vimos muchos
pueblos que estaban a unas dos o tres leguas tierra adentro en la provincia de
Pánuco , continuamos con nuestra navegación hasta encontrar otro rio muy
caudaloso al cual pusimos por nombre rio Canoas ( Rio Pánuco
22°15’47.10”,-97°46’59”O).
Frente a
este rio nos anclamos y como no habíamos tenido ningún percance con los
naturales de estas tierras, estábamos confiados descansando, cuando de pronto
salieron del rio unas veinte canoas grandes llenas de indios guerreros, armados
con lanzas, arcos y flechas y se van a atacar al navío del capitán Francisco de
Montejo que les pareció el más indefenso y pequeño y que, además, estaba más
cercano a tierra y lo atacaron con tal cantidad de flechas que en un primer
momento hirieron a cinco soldados, así también le echaban cuerdas para tratar
de jalarlo y hasta una amarra cortaron con sus hachas de cobre, mientras el
capitán Montejo defendía con sus soldados de la mejor manera la nave,
destruyéndoles tres canoas y nosotros acudimos a ayudarle de inmediato después
de bajar los bateles y unirnos a la pelea con nuestras escopetas y ballestas
logramos herir mas de una tercera parte de los atacantes con lo que los hicimos
huir por donde vinieron .
Cuando hicimos
el recuento de los daños procedimos a continuar con nuestra expedición y
levantamos anclas y pusimos proa por toda la costa hasta llegar a una punta tan
grande y con mucha corriente que no pudimos cruzarla (Esta punta pudo ser la
formación del delta del rio Mississippi 29°01’51.48”N,-89°19’12.35”O) que en
ese tiempo era más caudaloso), y teniendo en cuenta que el piloto Antón de
Alaminos comento al capitán general que no convenía continuar con la
expedición.
** Esta sierra la debió haber visto
Bernal Díaz, cuando continuaron navegando hacia el norte después de haber
salido de la desembocadura del rio Coatzacoalcos cuando descubrieron el volcán
San Martin.
Por lo que
se hizo una junta para ver cuáles eran nuestras posibilidades de continuar; y
se dijo que el invierno ya estaba cerca y no teníamos alimentos para continuar
y uno de los navíos estaba haciendo agua ,aparte los capitanes Alfonso Dávila y
Francisco de Montejo, no estaban de acuerdo con Juan de Grijalba quien quería colonizar,
pero le comentaron que en ese momento no era posible porque había muchos
guerreros en tierra y todos nosotros los soldados estábamos muy cansados por
causa de la expedición.
Con estos
argumentos se acordó que era tiempo de regresar a Cuba y dimos vuelta a dos
velas y con las corrientes que había en poco tiempo estuvimos en la
desembocadura del gran rio Coatzacoalcos pero no pudimos entrar en el porqué
había un norte muy fuerte y tuvimos que trasladarnos al rio Tonalá, que
nosotros habíamos bautizado como San Antón, en donde dimos carena (Reparar el
casco) al Navío que hacia agua pues toco
fondo cuando entramos al rio. Cuando estábamos reparando el barco vinieron muchos indios del
pueblo de Tonalá (18°09’49.89”N,-94°08’03.85”O) que esta a una legua de ahí y
nos trajeron pan de maíz, pescado y frutas y nos lo dieron muy amistosamente por
lo que el capitán les agradeció mucho y les dio cuenta y diamantes y les dijo
por señas que si tenían oro que lo trajeran y que se los cambiaría por nuestras
cuentas y diamantes. Así lo hicieron ellos y los pueblos de Coatzacoalcos y otros pueblos de los alrededores trajeron
sus joyas que eran de oro bajo sin mucho valor, así muchos de estos indios traían
también como adorno unas hachas de cobre muy brillantes y con mango de madera
muy bien pintado y pensamos que eran de oro bajo también y comenzamos a
pedirles que nos trajeran a cambiar de estas hachas y a los tres días ya
teníamos más de seiscientas piezas y estábamos muy contentos y los indios
también. Uno de los marineros había cambiado siete hachas y ya se sentía muy rico, recuerdo
también que un soldado llamado Bartolomé Pardo, fue a un templo de los dioses
de estas gentes que estaba en un cerro y
encontró muchos ídolos y copal y también cuchillos de pedernal de los que
usaban para sus sacrificios y en una arca de madera encontró muchas piezas de
oro como diademas , collares y cuentas y se guardo el oro y trajo los ídolos al
capitán , pero hubo alguien que lo vio y se lo comento al capitán ,entonces el
capitán se lo quiso quitar pero como era un buen soldado, le solicitamos se lo
dejara a lo que el capitán accedió después de quitarle el quinto real para su
majestad que fueron como ciento cincuenta pesos . También quiero comentar que
como había muchos mosquitos en la playa, fui con diez soldados a dormir a uno
de estos templos y junto aquel templo sembré unas semillas de naranja que había
traído de Cuba y nacieron muy bien y los sacerdotes de aquel templo, cuando
vieron que eran plantas diferentes de las que acá había, las comenzaron a
cuidar y regar y de ahí se hicieron de naranjas en toda esa zona.
Luego que
reparamos el navío y nos despedimos de los indios de la zona quienes quedaron
muy contentos, pusimos rumbo a Cuba y en cuarenta y cinco días unas veces con
buen tiempo y otras con lo contrario llegamos a Santiago de Cuba con Diego
Velazquez quien nos recibió muy contento desde que le mostramos el oro que traíamos
que eran unos cuatro mil pesos y lo que trajo primero Pedro de Alvarado se
juntaron unos veinte mil pesos y los oficiales de su majestad separaron el
quinto real.
También
sacaron las seiscientas hachas que pensamos que eran de oro bajo pero cuando
las vieron estaban todas verdes de moho como el cobre que eran y hubo muchas
risas y burlas de nuestro mal rescate.
Y después de
todas estas aventuras y pasado el momento de alegría los capitanes comenzaron a
dar sus informes haciendo quedar mal al capitán general ante el gobernador ,pues tanto Francisco Montejo
como Pedro de Alvarado se encargaron de dar malos informes de Juan de Grijalba
apoyados por Alonso Dávila .
Y hasta aquí termina la primera parte
de los primeros viajes de Bernal Díaz del Castillo, que en cierta forma nos dio
un panorama de sus aventuras mostrándonos como si fuéramos en el mismo navío
todos los lugares por los que paso y que afortunadamente algunos sino es que la
mayoría conservaron sus nombres antiguos y no desaparecieron haciéndonos partícipes de estas aventuras que
al irlas leyendo apoyados del programa de google heart como ya lo había
comentado podremos ir viendo cada uno de estos sitios que aun conservan su
belleza .
La segunda parte de los viajes de Bernal Díaz del Castillo que es la mas aciaga y la que le llevo por los caminos de la conquista del Gran Imperio Azteca,la contaremos mas adelante.