lunes, 16 de noviembre de 2015

PRIMEROS VIAJES DE BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO

Bernal Díaz del Castillo, quien  llego a las playas de Veracruz  como soldado de Hernán Cortéz  en la conquista y derrota del esplendoroso imperio Azteca, de Moctezuma Ilhuicamina; escribió sus hazañas y correrías por el continente descubierto por el Almirante Don Cristóbal Colon.
Hombre con muy poca preparación según comentario que el mismo hace ( “y yo como no soy latino ni se del arte “; que en español actual seria” y yo como no soy letrado ni escritor”  ) en su crónica de la “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España” logro hacer de esta un gran tesoro de la narrativa la cual ha permitido ubicar algunos lugares que menciona como zonas de epopeyas épicas y de extrañas aventuras , este personaje desde su llegada al continente, se dedico a viajar en busca de algún patrocinador que le ayudase  a encontrar tierras que descubrir que tuvieran muchas riquezas las cuales obtendría a cualquier precio como en esos tiempos , hacían todos los países que contaran con una armada y soldados  suficientes.
Por lo que a continuación hago una crónica de los primeros viajes de Bernal Díaz del Castillo antes de su llegada a las playas de Veracruz para la conquista del imperio Azteca  trascrito de su obra pero en español actual, debido a que; en  la que él escribe en español popular de su época  es difícil de entender. Ubicando en esta; la posición geográfica  de cada lugar que menciona, el cual podemos determinar  en el programa de google heart y visitar virtualmente para ver lo que actualmente es y que en alguno de estos sitios aun se recuerdan estas llegadas de los conquistadores .
Cuando nací, el almirante Don Cristóbal Colon se preparaba para salir a descubrir un nuevo camino hacia la India; esto fue en Abril de 1492, seis meses después el almirante llegaría a la primera isla la cual bautizo como San Salvador y que es una de las tantas islas que se ubican en uno de los mares más hermosos del mundo que conocido como  mar Caribe.
Mi nombre es Bernal Díaz del Castillo, nací en la Villa de Medina del Campo España (41°18´29.´´55 N, 4°54´55.´´70 O), mi padre Don Francisco Díaz del Castillo, fue regidor en el ayuntamiento de esta provincia y lo apodaban “El Galán”.
Toda mi infancia y mi juventud transcurrieron en este lugar escuchando las noticias de las cosas que ocurrían  en el continente recién descubierto y viendo que cada día partían muchos hombres a descubrir tierras nuevas…. Hasta que un día del año 1514, con un poco de preparación y muchas ganas de también descubrir nuevas tierras y hacer fortuna me aliste como soldado a las órdenes del Rey de España.
En ese tiempo el Almirante Colon, ya había hecho cuatro viajes al nuevo continente por diferentes rutas; descubriendo otras tierras en las cuales se establecieron colonias de Españoles y una de ellas  se le nombro Tierra Firme lugar al que llego en su cuarto viaje y en donde se fundó la colonia Nombre de Dios el 8 de Marzo de 1510 por Juan de Nicueza quien iba tan cansado que comento “Detengámonos aquí en el Nombre de Dios.” (   9°34´58.24”N; -79°28´12.98”O en el País de Panamá). Y así quedo bautizado el lugar; a la fecha existe un monumento conmemorativo en este lugar el cual se ubica conforme a las coordenadas indicadas.
Con veintidós años y bajo las órdenes del nuevo Gobernador, Pedro Arias Dávila; llegamos a Nombre de Dios  lugar totalmente insalubre porque estaba  ubicado en una zona de pantanos y por el calor húmedo que se  sentía y los mosquitos aunado a esto  no había un desarrollo urbano definido;  se  ocasiono una gran epidemia que mato a muchos soldados durante los primeros cuatro meses que llegamos a estas tierras y a los que no morimos, nos lastimo con enormes llagas en las piernas.
Aparte de esta epidemia había problemas de tipo político entre el gobernador y  el famoso capitán Vasco Núñez de Balboa quien se había casado con la hija de éste y quien se quiso levantar con algunos soldados para irse al mar del Sur en el  lado del Océano Pacifico  frente a Panamá (Hoy es el Golfo de Panamá) el cual había descubierto poco antes, pero que al intentar revelarse, lo detecto y mando a degollar para hacer justicia  y evitar  otras revueltas entre sus capitanes.
Viendo esta situación y sabiendo que la isla de Cuba gobernada por un Hidalgo de nombre Diego Velázquez natural de Cuellar, estaba siendo poblada de nuevo; acordamos algunos soldados y personas que habíamos llegado con Pedro Arias Dávila, solicitar su consentimiento para irnos a ésta, lo que acepto de buena voluntad ya que no tenía necesidad de tantos soldados porque no había contra  quien pelear y ya estaba conquistada por el capitán Vasco Núñez de Balboa  toda la tierra que según él era muy pequeña.
En este punto es de mencionarse que los noveles conquistadores no habían detectado la magnitud de la Tierra Firme donde se hallaban, pues pensaban que todas eran grandes islas.
Así que nos embarcamos  y con buen tiempo partimos con rumbo a la isla de Cuba  a estas fechas ya contaba yo con veinticuatro años.
Llegamos a la isla de Cuba y nos presentamos con el gobernador Diego Velázquez que era pariente mío por lo que me prometió tierras e indios en encomienda en cuanto hubiera.
Pero como ya habían pasado tres años desde que llegue a Tierra Firme y no habíamos hecho nada, no quise esperar a que me los diera ya que como buen soldado quería servir a Dios y al Rey y ganar honores como los nobles varones igual que mi padre y mi hermano que siempre fueron servidores de la corona Real y de los Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel.
Y junto con ciento diez soldados de los que llegaron conmigo, de Tierra Firme que al igual que yo no tenían indios; nos fuimos a hablar con un Hidalgo rico que tenia pueblo de indios en encomienda en la isla y se llamaba Francisco Hernández de Córdoba para que aceptase ser nuestro capitán y nos ayudara a ir a descubrir tierras nuevas en donde pudiéramos emplearnos.
Aceptando el cargo comenzamos a formar nuestra armada y compramos tres navíos dos de regular tamaño y un tercero que nos fió el mismo Diego Velázquez con la condición que antes de iniciar el viaje le pagásemos con indios que capturáramos en una isleta ubicada entre la isla de Cuba y Honduras que se llamaba de los Guanaxes (conocida hoy como isla de Bonacca Guanaja ubicación 16°26´31.26”N; -85°53´14.36”O) y se los entregásemos como esclavos a lo que nos opusimos diciéndole que Dios ni el Rey mandaban que hiciésemos a los libres esclavos. Y como no lo aceptamos y temiendo que esto llegara a oídos del Rey; se desistió de lo dicho y procedió a ayudarnos, aunque posteriormente nos busco otra clase de problemas en contubernio con el obispo de Burgos conocido como Juan Rodríguez de Fonseca.
Y regresando a nuestro tema principal que eran los barcos, continuamos haciendo los preparativos para nuestro viaje comprando pan de casabe que se hace de raíces y también compramos puercos de tres pesos porque en aquel tiempo no había en Cuba vacas ni carneros porque apenas comenzaba a poblarse, así también compramos aceite, cuentas de vidrio y cosas de intercambio de poco valor. Así mismo buscamos los pilotos para conducir los barco y el primero fue Antón de Alaminos natural del Puerto de Palos otro era Camacho de Triana y un tercero que era Juan Álvarez el Manquillo natural de Huelva y los marineros necesarios y aparejos, cables, maromas, guirdalesos, anclas y pipas para transportar agua dulce y lo que más se requiriera en el viaje; todo con nuestros propios recurso que eran bien pocos.
Ya preparada nuestra armada la llevamos al puerto que en lengua de indios se llama AXARUCO (actualmente se conoce como Boca de Jaruco 23° 10´ 28.94”N ; -82° 00´ 27.16” O) sobre la banda Norte de la isla de Cuba y que se hallaba a ocho millas de la villa de San Cristóbal y que luego cambiaron a lo que es hoy la Habana, en esta villa contactamos con el clérigo Alonso González  para que nos acompañara y a un soldado de nombre Bernardino Iñiguez natural de Santo Domingo de la Calzada  que iría como Veedor (Inspector) y que juntos se encargarían de guardar el quinto real sobre las riquezas de oro, plata, y perlas o cualquier otra riqueza que Dios pusiera en nuestro camino en las tierras por descubrir.
DESCUBRIMIENTO DE LA PENÍNSULA DE YUCATAN.
Y el día ocho de Febrero de 1517, salimos del puerto de Axaruco  y costeando con rumbo Este después de doce días llegamos a la punta de San Antonio que tenía el nombre de tierra de los Guanahataveyes que eran indios salvajes (actualmente península de Guanahacabibes cerca de  Pinar del Rio en la Republica de Cuba 21°51´49.23”N; -84°57´05.55”O).
Y pasando esta punta comenzamos a navegar a la aventura con rumbo hacia donde se pone el sol en un mar del cual no conocíamos bajos, corrientes ni que vientos suelen señorear en aquellas latitudes con mucho riesgo de nuestra armada ya que en esa zona nos llego una tormenta que duro dos días con sus noches de tal manera que estuvimos a punto de perdernos.
Cuando el tiempo calmo, continuamos nuestra navegación y después de veinte días de haber zarpado vimos tierra y nos alegramos dando gracias a Dios. Esta tierra era nueva y jamás descubierta hasta entonces y desde los navíos vimos un gran pueblo que al parecer estaría a dos leguas  de la costa; un pueblo tan grande que no habíamos visto cosa semejante en la isla de Cuba ni en la Española (Republica Dominicana y Ahiti 18°54´40. ’’21N, -71°10’25. ’’37O), a este pueblo le pusimos el Gran Cairo. (Es muy probable que fuera el Cacicazgo  de Ekab 21°09’48.46’’N, -86°51’06. ’’22 O) .Entonces acordamos acercarnos con los dos navíos más pequeños a la costa para ver si había fondo en donde pudiésemos anclar junto a tierra.
El cuatro de Marzo vimos venir diez grandes canoas conocidas como piraguas, llenas de indios naturales de aquel pueblo y venían a remo y vela y cada canoa traía hasta cuarenta indios. Cuando se acercaron los llamamos por señas ya que en ese tiempo no entendíamos ni teníamos traductores que entendiesen las lenguas mayas y mexicanas; sin temor se acercaron y subieron a la nave capitana treinta de ellos y les hicimos obsequios de sartalejos de cuentas verdes y estuvieron viendo por un buen rato los navíos. El jefe de ellos que era un cacique nos indico con señas que regresaban a tierra en sus canoas y que volvería  otro día con más canoas para llevarnos a tierra. Estos indios venían vestidos con camisetas de algodón como chaquetas y con un  taparrabo como manta angosta que ellos llaman másteles y vimos que eran hombres más inteligentes que los indios de Cuba; ya que los hombres de Cuba no usan taparrabo solo las mujeres usan una ropa de algodón que les cubre hasta los muslos y les llaman enaguas.
Al otro día volvió el cacique a nuestras naves y trajo doce canoas grandes y con señas con una cara muy alegre y muestras de paz, nos indico que fuésemos a su pueblo para darnos de comer y lo que necesitáramos y que utilizáramos las canoas que había traído para ir a tierra; y en su lengua nos decía “Cones Cotoche, Cones Cotoche”, que después supimos quería decirnos “vamos a mis casas” y por estas palabras pusimos al lugar “Punta de Cotoche “ y así esta puesto en las cartas de mareas (Hoy es Cabo Catoche 21°36´18.08”N; -87°06´12.27”O ).
Viendo nuestro capitán y los demás soldados todas estas muestras de amistad, que nos hacia el cacique, acordamos bajar nuestros bateles de los navíos y en el más pequeño junto con las doce canoas, ir con ellos a tierra todos porque vimos toda la costa llena de indios que se habían juntado de aquella población y cuando desembarcamos, nuevamente el cacique dijo al capitán por señas que fuésemos con él a sus casa con muchas indicaciones de amistad y se acordó que fuéramos bien armados y llevamos quince ballestas, diez escopetas y espadas y nos pusimos en camino siguiendo al cacique quien iba con otros indios y cuando ya habíamos avanzado hasta llegar a un monte de maleza tupida, comenzó a gritar y  salieron varios escuadrones de indios guerreros que nos estaban esperando para darnos batalla y matarnos.
Estos escuadrones primero nos lanzaron una andanada de flechas hiriéndonos a quince soldados; los guerrero venían protegidos con  trajes   de algodón acolchadas que les cubrían hasta las rodillas y traían flechas que nos lanzaban con arcos y lanzas, también nos lanzaban una gran cantidad de piedras con sus ondas y con la mano y se cubrían la cabeza con penachos.
Después del primer ataque, se vinieron sobre nosotros con sus lanzas y cuerpo a cuerpo nos hicieron también mucho daño pero gracias a Dios y al apoyo de nuestras armas los hicimos huir cuando conocieron el poder de nuestras espadas y la fuerza de nuestras ballestas y  más se asustaron al ver caer a quince de sus guerreros, fulminados por el fuego de nuestras escopetas, mas delante de este lugar llegamos a una placeta con tres casas construidas de cal y canto y que eran templos y adoratorios en donde había muchos ídolos de barro y mascaras con caras de demonio y otras que parecían de mujer y parece que hacían sodomías en estos lugares entre ellos; dentro de otras casas encontramos unas cajas chicas de madera en las que había otros ídolos y unos medallones de medio oro y otros de cobre y unos pinjantes (especie de medallas pequeñas) y tres diademas y piececillas de pescadillos y patos de la tierra todos de oro bajo.
Cuando descubrimos lo anterior, nos pusimos muy contentos por haber llegado a estas tierras ya que aun faltaban veinte años para descubrir el Perú .De las cajas de madera se encargo el clérigo González de llevarlas a los navíos mientras nosotros seguíamos batallando con los indios, quienes huyeron cuando sintieron la fuerza de nuestras escopetas armas que nunca habían conocido.
En aquella escaramuza capturamos  a dos indios que tenían  estrabismo y que después se bautizaron como Julián y Melchor.
Una vez que la batalla termino, nos volvimos a las naves para continuar costeando con rumbo a donde se pone el sol ; con la certeza de que esta costa fuera de alguna gran isla como de continuo nos lo decía el piloto Antón de Alaminos e íbamos navegando con gran cuidado y lo hacíamos de día y de noche descansábamos, así es de que después de quince días, llegamos a donde un pueblo; que desde las naves se veía algo grande y cerca había una gran ensenada junto con una bahía en donde pensamos abastecernos de agua de algún río o arroyo que existiera en ese lugar, íbamos sedientos y queríamos llenar nuestras vasijas y pipas porque ya no teníamos agua y nuestras pipas estaban secas por completo porque como eran de boca abierta y sin tapa, no se podía mantener mucho tiempo el agua porque nuestras pipas eran de las mas económicas ya que no tuvimos el oro suficiente para comprar otras mejores.
Con la necesidad de tomar y abastecernos de agua saltamos a tierra cerca del pueblo un Domingo de Lázaro y así  llamamos al pueblo y así quedo en las cartas de marea, Aunque el nombre verdadero del lugar es Campeche  (19°49’55. ’’3 N,- 90°32’14. ’’21 O) Pero antes; nos pusimos de acuerdo para bajar en la nave más pequeña y en tres bateles, y con nuestras armas cada uno no fuera a sucedernos como en Cabo Catoche. En esta bahía había poco fondo, por lo que dejamos las naves más grandes ancladas fuera de la misma a más de una legua de tierra y como ya lo he dicho desembarcamos cerca del pueblo en donde había un buen pozo que abastecía a los naturales de estas tierras.
 Por toda la costa que dejamos atrás, no había desembocaduras de ríos, por lo que nos apresuramos a llenar nuestras pipas y vasijas para regresar de inmediato a las naves. Cuando estábamos listos para volver a embarcarnos; llegaron a nosotros unos cincuenta indios que parecían caciques porque venían vestidos con buenas mantas de algodón y por señas nos preguntaron a que habíamos venido a sus tierras, les respondimos que solo a abastecernos de agua y que ya nos retirábamos a nuestras naves y de nuevo nos volvieron a preguntar si habíamos llegado por donde sale el sol, y a la vez repetían la palabra “castilan, castilan”.
Bernal Díaz  no tomo en cuenta estas palabras ; pero los indios podían haberse referido a los soldados españoles que habían naufragado unos años antes por estos lugares y que se encontraban viviendo en algún poblado maya de la zona y quienes les habrían dicho que venían de Castilla y que; como los españoles no pronunciaban bien los nombres de los poblados de América, así también los naturales de estas tierras no pronunciaban bien los nombres de las tierras Europeas, por eso dice en su crónica “Y no miramos en lo de la plática del Castilan”   (y no tomamos en cuenta lo que querían decir con Castilan)
Luego de esto, nos invitaron por señas a su pueblo y nos pusimos de acuerdo para ir muy bien armados y con mucho cuidado y nos condujeron a unas casas muy grandes que eran adoratorios de sus ídolos bien labrados con cal y canto; estas casa tenían pintados en sus muros serpientes y culebras grandes y otras pinturas de ídolos alrededor de un altar lleno de gotas de sangre y en otra parte de los ídolos tenían pintadas cruces. Y según nos dimos cuenta esa vez habían sacrificado a sus ídolos unos indios con la idea que los apoyaran cuando tuvieran que pelear contra nosotros y salieran victoriosos. Y todas las mujeres y hombres de ese pueblo andaban muy alegres caminando con mucha tranquilidad, pero comenzaron a llegar mucha más gente de estos indios y empezamos a temer que nos pusieran alguna trampa como la de Cabo Catoche.
Y estando en este lugar, vimos que venían mas indios cargando cada uno unas varas de carrizos secos, las cuales tiraron en un llano y tras de ellos llegaron dos escuadrones de indios bien armados con arcos y flechas, lanzas, rodelas, hondas y piedras protegidos con sus trajes acolchados de algodón y al frente de estos sus respectivos capitanes quienes se pusieron frente a nosotros al mismo tiempo que de otro adoratorio salieron  diez sacerdotes vestidos con mantas de algodón blancas largas que les llegaban hasta los pies con sus grandes cabelleras enmarañadas y llenas de sangre las cuales no se podrían peinar solo cortándolas ; estos sacerdotes traían una especie de resina que ellos llaman copal el cual echaron en unos braceros pequeños y nos comenzaron a sahumar y con señas nos indicaron que nos fuéramos de sus tierras antes que se consumiera la leña que habían traído la cual encendieron en el acto y si no lo hacíamos sus soldados nos matarían. Y sin decir más se fueron y los guerreros comenzaron a silbar y a tañer sus trompetas  y a hacer sonar sus armas y como teníamos muy fresco lo de Cabo Catoche, porque se nos murieron dos soldados que tuvimos que echar al mar y con el temor de los escuadrones de indios que esperaban para atacarnos comenzamos a caminar por la playa hasta llegar cerca de un peñón y el navío mas pequeño y los bateles nos siguieron por la costa después de subir los recipientes con el agua  y no quisimos abordar cerca del poblado porque había mucha gente y temíamos nos atacaran al hacerlo.
Una vez que subimos a las naves comenzamos a navegar durante seis días con sus noches con buen tiempo, pero de repente llego un norte que nos tomo de costado  y  duro cuatro noches con sus días que nos hizo anclar y se nos rompieron dos cables y quedo solo uno que estaba amarrado a una de las naves que si se rompía llegaríamos a la costa y naufragaríamos .Cuando el tiempo amaino continuamos navegando y acercándonos a tierra cuando podíamos para buscar agua pues como ya he dicho, las pipas que traíamos no eran cerradas y no tenían tapas por lo que no contenían el agua cuando se agitaba el mar y cómo íbamos por la costa creíamos que hallaríamos agua donde quiera que saltásemos a tierra cavando pozos o en jagüeyes que encontráramos.
Y yendo en nuestro rumbo, vimos desde las naves un pueblo frente al cual había una ensenada de una legua de largo que parecía rio o arroyo y con la nave más pequeña y todos los bateles, nos acercamos a tierra y desembarcamos con nuestras vasijas para tomar agua y bien preparados con ballestas y escopetas a una distancia aproximada de una legua del pueblo que llaman Potonchan.
En el lugar que desembarcamos había unos pozos y maizales y casas de cal y canto y cuando estábamos llenando nuestras vasijas y pipas vinieron escuadrones de indios del pueblo vestidos con sus trajes acolchados de algodón que les protegían hasta las rodillas y armados con sus arcos, flechas , lanzas ,rodelas, hondas y espadas de pedernal y penachos que usan así como las caras pintadas de blanco y negro se acercaron en silencio como en son de paz y con señas nos preguntaban si veníamos de donde sale el sol y les afirmábamos lo que preguntaban y nos dimos cuenta que era la misma pregunta que siempre nos hacían como en Campeche pero no entendíamos porque.
En esta parte se podría deducir que los naturales de estos lugares conocían la historia de Quetzalcóatl y que como todos, creían que estos españoles eran los enviados por éste a su antiguo reino.
Cuando comenzó a oscurecer se fueron todos a unas casas que estaban cerca y nosotros hicimos guardias con gente bien armada porque vimos muy sospechosa a toda esta gente.
Pues estando despiertos toda la noche, escuchamos que se seguían juntando los escuadrones de gente de guerra que venían de las estancias cercanas y el pueblo.
Y entendimos que no se juntaban para hacer una fiesta. Y nosotros hicimos una junta para ponernos de acuerdo que íbamos a hacer pues unos decían que nos regresáramos a las naves pero como eran muchos indios tal vez nos alcanzaran y atacaran con más  peligro que como decían otros atacásemos durante la noche a los escuadrones que sería más recomendable ya que como dice el refrán “El que acomete vence” con la diferencia que nos tocaba como a doscientos indios por cada uno de nosotros.
Ya con el día claro vimos venir por la costa gran cantidad de indios con sus trajes de guerra que se juntaron con los que habían llegado durante la noche.
Formaron sus escuadrones y  comenzaron a atacarnos con tal rociada de flechas, varas y piedras que arrojaban con sus ondas que hirieron a ochenta de nuestros soldados y luego en la lucha cuerpo a cuerpo con sus lanzas y otros a flechazos y otros más con sus macanas con navajas de piedra muy afiladas y a pesar de darles gran cantidad de estocadas con nuestras espadas y que las escopetas y las ballestas no paraban unos tirando y otros preparando apenas se apartaban para tener distancia y volver a flecharnos. Y estando en la batalla gritaban “Calamuchi, Calamuchi “que en su lengua quiere decir que atacaran al capitán y lo matasen; y le dieron diez flechazos y a mi tres uno de ellos muy peligroso en el lado izquierdo que atravesó las costillas y todos nuestros soldados recibieron lanzadas graves y se llevaron a Alonso Boto y a un portugués viejo.
Viendo nuestro capitán que nuestro esfuerzo por repeler a tanto guerrero no funcionaba debido a que nos cercaban tantos escuadrones y que venían mas de refuerzo y del pueblo les traían de comer y  beber y muchas flechas y nosotros heridos a dos y tres flechazos y tres soldados atravesados por la garganta , el capitán escurriendo sangre por todos lados ya habían matado a cincuenta soldados y como ya no teníamos fuerza para seguir peleando, acordamos con toda la fuerza de nuestro corazón romper el cerco y llegar a los bateles para protegernos. Y nos juntamos todos y rompimos el cerco tratando de librarnos de los flechazos y las lanzadas que nos hacían entre gritos y silbidos. Y así llegamos a los bateles pero como llegamos en tropel nos subíamos a uno solo y se hundía, así es de que unos se hacían a los bordes y nadaban, solo así llegamos a la nave más pequeña que vino muy de prisa a ayudarnos y desde ahí los atacaban los tripulantes  y todavía al embarcar, hirieron a muchos soldados principalmente a los que venían asidos a las popas de los bateles que les tiraban desde tierra y aun se metían al mar y con las lanzas los hostigaban. Y así con la ayuda de Dios escapamos de estas gentes.
Ya embarcados hicimos el recuento de las pérdidas que fueron como he dicho, cincuenta muertos y dos que capturaron los indios y cinco que más tarde fallecieron por las heridas y por la sed los cuales echamos al mar  y solo estuvimos peleando cerca de una hora.
El pueblo se llama Potonchan o Champotón (19°21’26. ’’10 N,- 90°43’20. ’’33 O) pero los pilotos y marinos le pusieron “Costa de Mala Pelea” y así está en las cartas de mar, cuando nos curábamos  nuestras heridas algunos soldados se quejaban porque las heridas con el agua de mar se habían hinchado y otros se habrían resfriado y maldecían al piloto Antón de Alaminos que siempre dijo que las tierras descubiertas eran islas y no tierra firme.
Cuando estuvimos en los navíos, dimos muchas gracias a Dios y curados los heridos que cual más tenía por lo menos tres y hasta cuatro heridas y nuestro capitán diez; sólo un soldado quedo sin herir , acordamos volver a Cuba pero como dije la mayor parte de la tripulación estaba herida, no teníamos quien izara las velas, dejamos el más pequeño de los navíos después de repartir las velas ,anclas y cables así como el personal que estaba sano de los otros navíos mas grandes y le prendimos fuego, ya que teníamos otro gran problema que era la falta de agua debido a que todos los recipientes que teníamos se quedaron en Champoton y no pudimos rescatarlos debido a la  guerra que tuvimos con los naturales de ahí de donde salimos huyendo con mucha prisa para salvar nuestras vidas. Era tanta nuestra sed, que teníamos la boca y lengua con grietas por lo reseca pues no teníamos que tomar en las naves. ¡Oh que cosa tan trabajosa es ir a descubrir tierras nuevas y de la manera que nosotros nos aventuramos! .Nadie más que los que han pasado por estos trabajos lo pueden valorar.
No existe una explicación para que se quedaran en tierra después de haber llenado sus pipas con el agua necesaria. Creyeron que no les harían nada si se quedaban y podrían ver que tenían de valor en su pueblo para poder robárselo.
LLEGADA A LA PENÍNSULA DE LA FLORIDA
De manera que con todo íbamos navegando muy cerca de la costa para poder hallar algún río o bahía para poder tomar agua y después de tres días vimos una ensenada en donde pensamos hubiese un río o estero en donde saltaron a tierra quince marineros de los que estaban sanos y tres soldados que también no tenían heridas muy peligrosas y llevaron azadones y barriles  para traer agua pero el estero era salado e hicieron pozos en la costa y también el agua era tan salada que amargaba que no hubo hombre que la pudiera beber porque algunos hombres que la bebieron les hizo mucho daño, y en aquel estero había muchos lagartos de gran tamaño y lo nombramos Estero de los Lagartos(hoy Rio Lagartos 21°35’57.27’’N, -88°09’31.35’’O) que así quedo en las cartas de marea. Mientras los bateles fueron por el agua, se levanto un viento nordeste tan fuerte que estuvimos a punto de encallar cerca de  tierra con los navíos, como aquella costa no está protegida, reina por un lado el viento norte y por el otro el nordeste, al ver el mal tiempo los marineros que habían bajado por el agua regresaron de prisa para echar a tiempo las anclas y estuvieron seguros los navíos dos días con sus noches para luego levantar anclas y dimos vela para nuestro regreso a la isla de Cuba y el piloto Antón de Alaminos acordó con los otros dos pilotos que desde aquel lugar atravesásemos a la Florida (26°01’53.63”N,-81°44’52.7”O) porque según sus cartas ,grados y altura nos hallábamos a unas setenta leguas de ésta y que puestos en la Florida sería mejor el viaje hacia la Habana y no por donde habíamos venido porque según entendí había ido a descubrir con un Juan Ponce de León hacia ya catorce o quince años la Florida y en donde mataron a este.
Cuando llegamos a la Florida , se mando a veinte soldados de los que estaban en mejores condiciones y fui yo con ellos y el piloto Antón de Alaminos y sacamos  las vasijas y azadones que había así como nuestras ballestas y escopetas y el capitán que estaba tan mal herido nos rogó que le trajésemos agua dulce porque se secaba y moría de sed y bajamos a un paraje que según el piloto Antón de Alaminos conocía de su viaje anterior y que estuviéramos muy atentos, porque fue en este lugar que le mataron a Juan Ponce de León los naturales de estas tierras así que pusimos dos vigías y en una playa ancha hicimos pozos bien profundos donde pensamos que había agua dulce porque en esa zona estaba la marea más abajo y quiso Dios que la encontrásemos y nos hartásemos y laváramos los paños para curar a los heridos por espacio de una hora y ya que estábamos a punto de embarcarnos con nuestra agua  muy contentos; vimos a uno de los soldados que habíamos puesto de vigías gritando “Al arma al arma que vienen muchos indios de guerra por tierra y otros en canoas por el estero “  el soldado y los indios llegaron casi al mismo tiempo contra nosotros y traían arcos muy grandes con buenas flechas y lanzas y una especie de espadas y cueros de venado y eran fuertes  y nos hirieron a seis de los nuestros  a mí me dieron un flechazo ligero  pero  les dimos tanta batalla con las espadas, escopetas y ballestas que se replegaron para ayudar a sus compañeros que venían por el estero en las canoas y que estaban peleando con los marineros pie con pie y ya les habían quitado el batel y lo llevaban por el estero hacia arriba y ya tenían heridos a cuatro marineros y al piloto Antón de Alaminos lo habían herido en la garganta así que los atacamos con las espadas y los hicimos soltar el batel matando  a veintidós de ellos que quedaron tendidos en la costa y en el agua aparte hicimos prisioneros a tres de ellos que estaban heridos y  se murieron en los navíos .
Después que paso la refriega, preguntamos al vigilante que habíamos dejado que se hizo su compañero Berrio que así se llamaba, dijo que lo vio que se apartaba con un hacha en la mano para cortar un palmito y que iba hacia el estero por donde llegaron los indios en son de guerra y que lo escucho gritar para dar la alarma y que lo debieron matar; este soldado fue el único que no salió herido en la batalla de Champoton  y quiso la mala suerte que aquí viniera a fallecer , nos organizamos y fuimos a buscar al soldado por el lugar por donde habían llegado  aquellos indios y encontramos una palma que había cortado y muchas huellas alrededor por lo que supusimos se lo llevaron vivo ya que no había rastro de sangre y lo seguimos buscando por todos lados por más de una hora pero ya no lo encontramos así que  nos volvimos a embarcar en los bateles y llevamos el agua dulce que les dio mucha alegría a los soldados como si le devolviésemos la vida uno de los soldados que no aguanto más se arrojo desde el navío al batel y tomo una botija y la bebió con tanta desesperación que se  hincho y murió después de dos días .
REGRESO A CUBA
Y embarcados con nuestra agua dimos vela para la Habana y pasamos por los bajos que llaman los Mártires con tan mala suerte que la nave capitana toco unos arrecifes  y se hizo tanto daño que todos los soldados que ahí íbamos no podíamos mantenerla seca y teníamos el temor de que se nos anegara y como había ya muchos marineros desesperados les decíamos “Hermanos ayudad a achicar el agua pues estamos todos muy mal heridos y cansados por la noche y el día” y respondían “Hacedlo vos pues no ganamos sueldo sino hambre y sed trabajos y heridas como vosotros “. De tal forma que heridos y cansados como estábamos izábamos las velas y dábamos en la bomba hasta que nuestro Señor nos llevo al puerto de Carenas donde ahora es la villa de la Habana.
Luego que llegamos escribimos a Diego Velázquez haciéndole  saber que  habíamos descubierto tierras de grandes poblaciones y casas de cal y canto y las gentes naturales de estas traían vestidos de algodón y cubiertas sus vergüenzas y tenia oro y sembradíos de maíz  y nuestro capitán Francisco Hernández se fue desde ahí por tierra a la villa de Sancti Espíritus ( 21°56’06.13”N, 79°26’37.7”O)  en donde vivía y  tenía sus indios y como iba mal herido, murió después de diez días y los demás soldados también nos fuimos cada uno por su lado y en la Habana murieron tres soldados por las heridas y nuestras naves fueron al puerto de Santiago donde estaba el gobernador y después que desembarcaron los dos indios Melchorejo y Julianillo, que capturamos en la Punta de Catoche,  sacaron la arquilla con las diademas y anadejos y pescadillos y otras pecezuelas de oro y también muchos ídolos exaltabanlos de arte y se dio a conocer su fama en Santo Domingo y Jamaica y aun en Castilla y los ídolos de barro decían que eran de los gentiles otros decían que eran de los judíos que desterró Tito y Vespasiano de Jerusalén . Y como no se había descubierto aun el Perú, Diego Velázquez preguntaba a los indios que si había minas de oro en sus tierras y ellos le afirmaban que  si y les mostraron oro en polvo y decían que había mucho en su tierra pero era mentira porque en todo Yucatán no hay minas de oro ni de plata. Y para mas mentiras la planta de donde se hace el pan de cazabe se llama en Cuba “yuca” y los indios que llevaron la conocían como “tlati” por la tierra en que la plantaban y los malos traductores que estaban con Diego Velázquez le decían que los indios llamaban a su tierra Yucatán y así se le quedo porque los indios decían que yuca era tatli y los españoles las juntaron (Yucatatli).
Y Diego Velázquez escribió a Castilla a los señores oidores que mandaban en el Real Consejo de Indias que él había descubierto y gastado en descubrir mucha cantidad de pesos de oro y así lo publicaba Don Joan Rodríguez  de Fonseca porque era el presidente del Consejo de Indias y lo escribió a su Majestad a Flandes  y a nosotros no nos menciono que fuimos quienes en verdad descubrimos todo lo que se atribuía el Diego Velázquez.
  Analizando toda esta relación podemos ver y es muy lógico , que Bernal Díaz  y toda la gente que  lo acompaño en estas aventuras era como dice el mismo, para rescatar oro ( que bien podría ser depredar o robar  oro) porque como conquistadores era a lo que venían a este lado del mundo y lo demostraron en su primera incursión con los pobladores de lo que debió haber sido el pueblo de Kankun(Ekab) quienes los recibieron bien y los llevaron a sus casas (cones cotoche ) pero los españoles viendo lo que tenían intentarían tomarlo por la fuerza lo que, aunque los pobladores fueron muy amistosos, no permitieron que le robaran sus ídolos y cosas que tenían en sus altares destinadas a sus Dioses. En estos pueblos la religión era muy respetada como a la fecha es el pueblo mexicano así que no tuvieron sino que correrlos con sus soldados y los españoles tomaron lo que la sorpresa permitió que cogieran. Y después de esta refriega se extendió por toda la península a lo que los hombres blancos y barbados que navegaban  en grandes casas sobre el mar iban cuando descendían de ellas y  en las siguientes poblaciones (Campeche y Champoton ) que intentaron entrar ya no les permitieron hacerlo y los recibían a punta de lanza y flecha. Por lo que cuando regresaron a Cuba solo llevaron lo que le quitaron al pueblo de Kankun (Ekab).  
Luego que regresamos de nuestra mala expedición, nos quedamos en la Habana algunos soldados y yo recuperándonos de los flechazos recibidos;  y ya que estábamos mejor, me junte con tres de ellos para  ir a la Villa de la Trinidad (21°47’46.36”N,-79°58’50.52”O), a buscar un trabajo  en la canoa de un vecino que se llamaba Pedro de Ávila,  quien  llevaba una carga de camisetas de algodón a vender: estas canoas son muy rudimentarias hechas de un tronco  ahuecado y con ellas navegan a remo de costa a costa, así  que acordamos pagar al dueño de la canoa diez pesos oro  porque nos llevara .Nos embarcamos y nos fuimos costeando por la banda sur a veces remando y a ratos a la vela ya llevábamos navegando once días y estábamos  cercanos a un paraje de un pueblo de indios conocidos como Canarreos (El archipiélago de los Canarreos es la zona por la cual viajo Bernal Díaz y en donde esto le ocurrió) y al  los límites con la Villa de la Trinidad, se levanto  un viento tan fuerte por la noche, que no nos pudimos sostener en el mar a pesar de que Pedro de Ávila traía unos indios muy buenos para remar ni con nuestra ayuda y nos hizo chocar contra unas piedras que se llaman “Diente perros” o seborucos( 21°53’28”N,-80°16’19”O) que son muy grandes en esos lugares de tal forma que se perdió la canoa junto con la mercancía y nosotros salimos desnudos totalmente , porque para evitar que se partiera la canoa y pudiéramos nadar mejor, nos tuvimos que deshacer de nuestras ropas . Cuando  logramos salir a salvo , para ir a la Villa de la trinidad no encontramos camino, de manera que tuvimos que caminar por la costa sobre  seborucos y malpaíses que son piedras con bastantes perforaciones y que tienen mucho filo en el borde de  cada perforación que cortan la planta de los pies y las olas que nos golpeaban, con las plantas de los pies sangrando y  caminando con mucho trabajo por estos lugares, llegamos a una playa de arena y caminando por dos días más ,  llegamos a un poblado de indios conocido como Yaguanabo (21°51’43.97”N, -80°12’36.94”O) del cual en aquel tiempo era el Clérigo, presbítero el Padre Fray Bartolomé de las Casas, quien después fue Obispo de Chiapas.
Ahí nos dieron de comer y otro día fuimos a otro pueblo que se llama Chipiana* que pertenecía a un Alonso de Ávila y de un Sandoval que era natural de Tudela del Duero y desde este pueblo nos fuimos a la villa de la Trinidad, ahí un amigo de mi pueblo que se llamaba Antonio de Medina; me dio unos vestidos que se usaban en la isla  y desde ahí me regrese  con todo y mis pobrezas y trabajo a Santiago de Cuba a hablar con el gobernador, quien me recibió con mucho gusto ,pues ya se estaba preparando para enviar otra expedición y me dijo si ya estaba recuperado para volver a Yucatán , a lo que yo respondí riendo quien le puso Yucatán porque haya no se llamaba así . Y dijo que los indios que trajimos lo decían. Yo le respondí que mejor nombre sería la tierra donde nos mataron más de la mitad de los soldados que a aquella tierra fuimos, y todos los más salimos heridos. Y respondió “Bien se que pasaste muchos trabajos porque así es descubrir tierras nuevas por ganar honra. Su Majestad os lo gratificara y yo así lo escribiré” y ahora hijo mío ve  a presentarte con el capitán Joan de Grijalva con mi recomendación.
*(No se ubico este lugar quizás porque haya desaparecido o solo era la propiedad del conquistador, o el autor no dio el nombre exacto)

 SEGUNDA EXPEDICIÓN AL CONTINENTE
Era año de 1518 y ya el gobernador de Cuba Diego Velázquez que era mi primo estaba preparando una nueva expedición a Yucatán  con base en lo relatos  que habíamos traído de las tierras que descubrimos y para ello se enviarían cuatro naves, dos de los cuales eran en los que regresamos con Francisco Hernández  y otros dos que compro Diego Velásquez con su dinero y los cuatro navíos eran de él.
En aquel momento que se ordenaba la nueva expedición, estaban en Santiago de Cuba Juan de Grijalva, Alonso de Dávila, Francisco de Montejo y Pedro de Alvarado que habían llegado para negociar con Diego Velázquez  debido a que todos tenían indios en encomienda en la isla y eran hombres ricos.
Acordaron que Juan de Grijalva que era pariente de Diego Velázquez, iría como capitán general y Alonso de Dávila, Francisco Montejo y Pedro de Alvarado serian capitanes de cada una de las naves sobrantes y cada uno de estos puso matalotaje de pan de cazabe y alimentos como tocino, así también Diego Velázquez surtió a la flota con cuentas y cosas de poca valor  y menudencias como legumbres. Y a mi mando como Alférez.
Con lo famosas  que se volvieron las tierras que descubrimos, porque eran ricas y había casas de cal y canto; incrementando esto por  el indio Julianillo que trajimos de la Punta de Cotoche, de que había mucho oro se desato la avaricia de los vecinos y soldados que no tenían indios en la Isla y se ofrecieron de inmediato para salir en la nueva expedición por lo que rápidamente se juntaron doscientos cuarenta voluntarios quienes aportaron de su dinero para armas y matalotaje y lo que hiciera falta.
Las instrucciones de Diego Velazquez  fueron que se recabara todo el oro y la plata que se pudiera, y si se podía poblar que se poblara si no que regresáramos a Cuba.
En eta expedición fue como inspector un tal Peñalosa natural de Segovia, el clérigo Juan Díaz de Sevilla y como pilotos se volvió a llevar a Antonio de Alaminos, y Rodrigo de Triana así como  a Juan Álvarez el Manquillo y otro llamado Sopuesta  natural de Moguer .
Los Hidalgos que capitaneaban las naves eran  hombres que fueron ganando políticamente lugares por su desempeño.
Así Pedro de Alvarado fue adelantado y Gobernador de Guatemala (15°46’39.10”N,-90°13’44.23”O) y también comendador del Señor Santiago. Francisco de Montejo fue adelantado de Yucatán (20°42’35.56”N,-89°05’39.62”O) y gobernador de Honduras (15°11’44.08”N,-89°05’39.62”O). A Alonso Dávila no le fue tan bien como a los otros pues lo prendieron los franceses.
Una vez armada la expedición, nos trasladamos por la banda norte de la Isla a un puerto conocido como Matanzas  (23°03’15.46”N,-81°34’24.48”) que está cerca de la Habana vieja y que en aquel tiempo no estaba poblada  y en aquel puerto  procedimos  al avituallamiento de las naves. Este puerto de Matanzas tomo el nombre de un suceso que aconteció en la época que aun no se conquistaba la isla de Cuba (21°54’46.86”N,-77°47’10.94”O) .
En este lugar naufrago un navío cerca de la desembocadura del rio con treinta españoles  a bordo entre ellos  dos mujeres ,en ese momento llegaron muchos indios de la Habana y de otros poblados con la intención de ayudarles a cruzar el rio que era muy ancho y  caudaloso, pero sus intenciones eran las de matarlos lo que no quisieron hacer en tierra y con buenas palabras en su idioma, les hicieron saber que los auxiliarían pasándolos en sus canoas  para llevarlos a sus  pueblos y  darles de comer por lo que los náufragos no desconfiaron y se subieron a las canoas; ya que estaban a medio rio , comenzaron a matarlos  de tal forma que solo quedaron tres hombres y una mujer muy hermosa que se llevo el cacique de aquellos indios que hicieron la  traición  por eso  el puerto lleva este nombre y así esta en las cartas de mareas.
Yo conocí a esta mujer cuando se conquisto la isla de Cuba  y se la quitaron al cacique de su poder y la vi casada con Pedro Sánchez Farfán con quien se fue a vivir a la Villa de la Trinidad  y también a los tres españoles sobrevivientes de la matanza, uno era Gonzalo Mejía, hombre maduro natural de Jerez, otro se llamaba Joan de Santisteban joven natural de Madrigal y el otro que conocí como Cascorro natural de Moguer, hombre de mar.   
Y después de haberme detenido para hacer  este relato que unos cronistas me pidieron que hiciera y que considero interesante para las futuras generaciones, que sepan los orígenes de algunos lugares en los que estuve, continúo con mi relato del nuevo viaje.  
Una vez listos y reunidos todos los soldados y acatando las ordenes de cómo tendrían que llevar encendidos los faroles de noche , escuchamos misa y el día ocho de Abril de 1518 ; zarpamos y a  los diez días llegamos a la punta de Guaniguanico que también se llama San Antonio y que era el mismo camino de la primera expedición.
DESCUBRIMIENTO DE COZUMEL, LA LAGUNA DE TÉRMINOS Y EL RÍO GRIJALBA Y OTROS MÁS.
A los siguientes diez días avistamos la isla de Cozumel (20°25’22.74”N,-85°55’20.44”O), la cual descubrimos porque la corriente que nos llevo a ella nos arrastro más abajo que la expedición anterior.
Navegando por la banda sur de la isla, vimos un pueblo con pocas casas y ahí cerca un buen atracadero  limpio de arrecifes, ahí saltamos a tierra con el capitán y un buen número de soldados, pero los naturales de aquel pueblo salieron huyendo desde que vieron al barco asustados porque nunca habían visto un navío a toda vela y de tal magnitud; los soldados hicieron un reconocimiento de la zona y descubrieron ocultos en un sembradío de maíz, a un par de indios viejos  que no podían andar y se los llevamos al capitán y como venían con nosotros los indios Julianillo y Melchorejo de la primera expedición, se comunicaron con  ellos en su misma lengua porque esta isla y la tierra de ellos están separadas unas cuatro leguas y el idioma es el mismo.
Y el capitán los trato muy bien y les regalo unas cuentas y los envió a llamar a los caciques de aquel pueblo y se fueron pero no regresaron nunca. Y estando esperando a los caciques, vino una india joven muy bonita que hablaba la lengua de Jamaica a contarnos que todos hombres y mujeres de aquel pueblo se fueron a esconder al monte. Y esta lengua la entendimos muchos de los soldados y yo porque se parece a la de Cuba y nos sorprendimos mucho porque estaba muy lejos de su pueblo por lo que le preguntamos cómo había llegado hasta ahí; nos conto que hacía ya dos años que salió a pescar a unas isletas con su marido y diez indios mas en una canoa grande , pero que los sorprendió la corriente y los hizo naufragar en aquella tierra y los indios del lugar  los tomaron presos y sacrificaron a sus ídolos  a todos junto con su marido.
El capitán pensó que sería buena mensajera y le envió a llamar a los caciques y toda su gente, poniéndole dos días como plazo para que regresara, ya que no quiso mandar a los indios Julianillo y Melchorejo temiendo que una vez libres huirían a su tierra que estaba muy cercana, a los dos días regreso la india con la respuesta que ninguno quería venir por mas que les insistió. Como era costumbre le pusimos a este pueblo Santa Cruz porque fue el día que llegamos. Había en este pueblo muy buenos colmenares de miel y patatas así como puercos de la tierra que tiene en el espinazo el ombligo ,había en esta isla tres pueblos, este que era el mayor  al que llegamos y dos más pequeños uno en cada extremo de la misma y  tendrá de ancho unas dos leguas . Esto lo vi cuando regrese con Cortes en la tercera expedición  .Como el capitán vio que era perder el tiempo estar ahí esperando, ordeno que nos embarcáramos para continuar nuestro viaje y la india de Jamaica se fue con nosotros.
Una vez que nos embarcamos pusimos el rumbo de la primera expedición y en ocho días llegamos el pueblo de Champoton que fue donde nos deshicieron los indios de ese lugar. Como en aquella ensenada baja mucho la marea, anclamos los navíos a una legua  y en los bateles desembarcamos la mitad de los soldados y como la primera vez, los indios del lugar se juntaron y muy ufanos por la primera batalla, armados como lo hacían con arcos ,flechas ,lanzas tan largas como las nuestras  y otras más pequeñas y rodelas y macanas tan gruesas como dos manos así como piedras y hondas y protectores de algodón , trompetillas y tambores, muchos de ellos pintados de la cara de negro y blanco y otros de colorado y blanco y preparados esperándonos en la costa para cuando llegásemos atacarnos . Y con la   experiencia anterior íbamos bien preparados con falconetes, ballestas y escopetas. Una vez que llegamos a tierra, nos  comenzaron a flechar y con las lanzas a herirnos y aunque con los falconetes los heríamos, ellos nos tiraban tal cantidad de flechas, que antes que tomáramos tierra, ya nos habían herido a la mitad de los nuestros. Cuando nuestros soldados  pudieron saltar a tierra, les bajamos un poco el empuje a estocadas y cuchilladas y con las ballestas pues aunque nos flechaban de muy cerca, todos llevábamos protecciones de algodón y todavía nos dieron guerra un buen rato hasta que los hicimos retroceder a unas ciénagas junto al puerto.
En esta guerra mataron a siete soldados entre ellos a un principal llamado Juan de Quiteria, al capitán Juan de Grijalva le dieron tres flechazos y le quebraron dos dientes e hirieron a unos sesenta soldados .Y como vimos que los enemigos salieron huyendo nos fuimos al pueblo a curar a los heridos y enterrar a los muertos y el pueblo quedo vacío y los que se habían ocultado en la ciénaga, ya se habían desbandado.
En aquella escaramuza se prendieron tres indios, uno de ellos era jefe, y con la ayuda de Julianillo y Melchor les dijo el capitán que fueran a traer al cacique que le dijeran que les perdonaban lo que habían hecho y les mando cuentas verdes como señal de paz. Se fueron y nunca regresaron y pensamos que Julianillo y Melchor no les dijeron lo que se les ordeno sino todo lo contrario  y permanecimos en el pueblo por tres días. Como anécdota de la lucha, recuerdo había en el lugar unos prados, los cuales estaban llenos de pequeñas langostas y cuando estábamos en la batalla, saltaban y volaban directo a nuestras caras  y como la cantidad de flechas que nos estaban lanzando los indios era también como granizada, confundíamos las flechas con langostas y no nos protegíamos y nos herían, y cuando pensábamos que eran flechas eran langostas y nos estorbaron mucho estos insectos. Después de estar esperando a los indios sin ningún resultado, procedimos a embarcarnos y continuar nuestro rumbo.
Continuamos navegando y llegamos a una boca que parecía de rio muy grande y caudalosa pero no era rio sino un muy buen puerto que está entre las tierras formando un estrecho era tan ancha la boca que decía el piloto Antón de Alaminos que era isla y que partía  términos con la tierra y por esto le pusimos Boca de Términos y así esta en las cartas de mareas ( 18°46’ 27.72”N,-91°30’27.17”O  hoy es Laguna de Términos en Campeche). Y ahí saltamos todos con el capitán  Juan de Grijalba y estuvimos tres días sondeando la boca de aquella entrada y explorando de arriba a abajo la ensenada y nos dimos cuenta que no era isla sino una muy buena ensenada y buen puerto y encontramos en tierra templos de cal y canto con ídolos de barro , de madera y de piedra que eran figuras de sus Dioses y otros como mujeres  y  serpientes así  también había muchos cuernos de venado  y pensamos que había cerca algún poblado con tan buen puerto , pero no había nada ya que este lugar lo ocupaban como adoratorio,  mercaderes y cazadores de pasada  con sus canoas y ahí sacrificaban  y había mucha caza de venados y conejos y matamos diez venados y muchos conejos con una lebrela  que al volver a embarcarnos se quedo en tierra porque no estaba cercana cuando subimos a las naves .
Continuamos con nuestro viaje costeando  con rumbo Poniente navegando de día ya que de noche temíamos a los bajos y arrecifes  y  después de tres días, llegamos a una desembocadura muy ancha y nos acercamos con los navíos cerca de tierra porque parecía buen puerto , conforme nos acercábamos a la desembocadura, vimos como reventaban los bajos antes de entrar al rio y desde ahí bajamos los bateles y comenzamos a sondear para darnos cuenta que los dos navios mas grandes no podían entrar al puerto por lo que se anclaron afuera en el mar y con los dos navios más pequeños y los bateles fuésemos todos soldados debido a que habíamos visto muchos indios fuertemente armados en sus canoas y en las riberas del rio como en Champoton.  Por lo que pensamos que por ahí había un pueblo grande  y también cuando veníamos  costeando, vimos muchas redes con las que pescaban y a dos de ellas se les tomo el pescado con un batel que traíamos arrastrando en la nave capitana.  Este rio se llama Tabasco  y como lo descubrió el capitán de la expedición se le llamo Rio Grijalva ( 18°36’15.80”N,-92°45.37”O) y así está en las cartas de mareas. Cuando íbamos llegando a media legua del pueblo, oímos un gran ruido como de corte de madera y era que estaban haciendo grandes  mamparas y fuertes  palizadas y se preparaban para pelear en nuestra contra  y cuando desembarcamos en una parte de aquella tierra, en donde había unos palmares que estaban a media legua del pueblo y desde que nos vieron desembarcar vinieron unas cincuenta canoas con guerreros fuertemente armados con flechas ,arcos armaduras de algodón , rodelas y lanzas y sus tambores y penachos, y entre el estero había más gente armada en sus canoas  y se estuvieron  apartados y estábamos preparados para dispararles con las escopetas y ballestas pero gracias a Dios que los llamamos mediante Julianillo y Melchorejo que sabían muy bien aquella lengua  y se les dijo que no tuvieran temor por nuestra presencia que queríamos hablar con ellos cosas que les si entendían les agradaría mucho nuestra llegada allí y a sus casas y les queríamos dar regalos que traíamos  . Cuando se convencieron, se acercaron cuatro canoas y en ellas unos treinta indios y se les ofrecieron sartalegos de cuentas verdes espejuelos y diamantes azules  y parece que se convencieron luego que los vieron porque cambio su semblante  pensando que eran chalchivies que ellos aprecian mucho.
Entonces el capitán les dijo por medio de Julianillo y Melchorejo que veníamos de tierras lejanas y éramos vasallos de un gran emperador llamado Don Carlos quien tiene por vasallos a grandes emperadores y caciques y que ellos deben tenerlo por señor porque les iría muy bien y que a cambio de aquellas cuentas nos dieran comida y gallinas.
Y respondieron dos de ello uno que era Caudillo y otro sacerdote, que nos darían el bastimento que requeríamos por nuestras cuentas pero que en lo demás ; “Que señor tenían y que apenas estábamos llegando y sin conocerlos  ya les queríamos dar señor “ y que tuviéramos cuidado de querer hacerles la guerra , porque tenían ya preparados tres jiquipiles de guerrero de aquellas provincias  para pelear contra nosotros , cada jiquipil son ocho mil hombres y nos dijeron que sabían que hacía unos días habíamos matado y herido a más de doscientos hombres en Potonchan pero que ellos no eran tan débiles como los de Potonchan  y por esto habían venido a hablar con nosotros para saber que queríamos  porque esto lo irían a comentar con los caciques de otros pueblos para tratar la guerra o la paz , el capitán le entrego unas cuentas y los abrazo y les dijo que volviesen con la respuesta lo más rápido pero si no venían nosotros iríamos a su pueblo pero no para atacarlos . Y aquellos mensajeros que enviamos hablaron con los caciques  y sacerdotes que también tienen voto  y dijeron que hiciéramos la paz y nos darían comida  y que entre todos los pueblos de la comarca se buscaría un presente de oro para dárnoslo y hacer amistad y no les pasara como a los de Potonchan . De acuerdo a lo que supe con el tiempo, en aquellas provincias y tierras de la Nueva España que era la costumbre dar algún regalo cuando se hacía la paz. Y estando en ese lugar de palmares , vimos llegar un día a unos treinta indios que venían con el cacique y traían pescado asado, gallinas y frutas del zapote , pan de maíz y unos braceros encendidos y con sahumerios para sahumarnos a todos y pusieron en el suelo unas alfombras que en estas tierras se conocen como petates y encima colocaron una manta sobre la que pusieron unas joyas de oro que eran diademas y ánades como las  de  Castilla y joyas con forma de lagartijas y tres collares de cuentas vaciadas y algunas cosas mas de oro de poco valor que no valían ni doscientos pesos, y también trajeron unas mantas y camisas de las que ellos usan y nos dijeron que lo recibiéramos de buena voluntad porque no tenían mas oro que darnos, que,  donde si había mucho era más adelante por donde se ponía el sol y nos nombraban dos palabras “Colua, Colua” y” México, México” pero no entendíamos que era Colua y menos México y como esos regalos vimos que no tenían mucho valor los aceptamos como bueno pero no nos convenció.
Después que nos entregaron los presentes, dijeron que nos fuésemos  hacia donde nos habían dicho. El Capitán Grijalva les dio las gracias y mas cuentas verdes y tornamos a embarcarnos porque los dos navios que dejamos afuera del rio estaban expuestos al temporal y porque queríamos llegar a donde nos dijeron que había oro.
Una vez que nos volvimos a embarcar continuamos navegando a lo largo de la costa y después de dos días vimos un pueblo conocido como Ayagualulco, (Agualulco que es hoy  la Villa de Sánchez Magallanes) ( 18°18’26.91N,-93°50’50.33”O) y por la playa andaban unos indios con unos escudos de concha de tortuga que relumbraban con el sol y algunos de nuestros soldados insistían obstinadamente que eran de oro bajo.
Y los indios que las traían iban golpeándose con ellos las piernas como mofándose de nosotros porque como estaban protegidos en la playa y  con los arenales no podíamos acercarnos. A este pueblo le pusimos como nombre, La Rambla y así esta en las cartas de mareas. Continuando con nuestra navegación pasamos frente al rio Tonalá ( 18°12’55.73”N,-94°07’53.71”O )que esta junto  a una ensenada al cual cuando regresamos, entramos y le nombramos rio San Antón y así quedo en las cartas de mareas .
Continuando con nuestra navegación, llegamos a la desembocadura del grandioso rio Guacacalco (Coatzacoalcos) (18°09’34.81”N,-94°24’43.45”O) en donde tuvimos que entrar no por conocer, sino por que se avecinaba un temporal, desde este lugar descubrimos las grandes sierras nevadas cubiertas de hielo todo el año y también descubrimos otras cierras que están más cercanas  al mar a las cuales le pusimos San Martin porque quien las descubrió fue un soldado que iba con nosotros y que así se llamaba y venía de la Habana.
Al salir de este rio continuamos con nuestro rumbo, y en esta ocasión el capitán Pedro de Alvarado se adelanto a la expedición con su navío y entro en un rio que los indios del lugar conocían  como Papaloaba (Papaloapan 18°47’33.30”N,-95°44’46.08”O),y nosotros lo nombramos como Rio de Alvarado en este lugar unos indios pescadores le dieron pescado a Pedro de Alvarado y le dijeron que eran de un pueblo conocido como Tacotalpa (Tlacotalpan 18°36’39.82”N,-95°39’23.91”O) , ahí estuvimos espererandolo hasta que salió y fue reprendido por el capitán general quien le recomendó no volver a alejarse de esta forma de la expedición solo, pues podría tener algún problema y no habría quien lo ayudara de nosotros.
Se decía en España por personas que han estado en la Nueva España que México era una gran ciudad construida en el agua como Venecia y tenía un gran señor como rey de esta y muchas provincias en una extensión dos veces más grande que nuestra Castilla cuyo nombre era Moctezuma el cual quería gobernar más de lo que no podía. Y que supo de la primera expedición cuando venimos con Francisco Hernández de Córdoba y lo que nos paso en la batalla de Cotoche y Champoton y lo que en esta expedición con los mismos guerreros de Champoton quienes se aliaron con otros pueblos que eran bastantes y nosotros muy pocos; los vencimos, y lo que paso en el rio Tabasco con los caciques de ese lugar y supo que lo que más queríamos era conseguir oro a cambio de las cuentas y espejos que traíamos. Toda esta historia se la habían llevado perfectamente dibujada en paños de henequén que parece lino.
Como supo que íbamos por la costa hacia sus provincias, mando a sus representantes para cambiar el oro por nuestras cuentas en especial las verdes que las aprecian mucho como esmeraldas pero también para saber cuáles eran nuestras intenciones. Y lo que supimos fue que sus antepasados les habían hecho la predicción que gente con barbas que venían por donde sale el sol, los vendrían a gobernar.
 PRIMER ENCUENTRO CON LA COMITIVA DEL IMPERIO  AZTECA
Por una u otra razón había muchos indios del gran Moctezuma en guardia en aquel rio ( Que es muy probable que sea el rio Jamapa 19°05’58.31”N,-96°06’12.26”O  el cual comienza en las faldas del pico de Orizaba o Citlaltepetl, que era la montaña nevada que descubrieron desde la desembocadura del rio Coatzacoalcos ) con unas varas muy largas y en cada vara una bandera de manta de algodón blanca enarbolándolas y llamándonos como en son de paz y nos sorprendimos mucho con estas  muestras de amistad y para saber de qué se trataba, se acordó con el capitán general, con todos los capitanes, se bajaran dos bateles al agua cada uno con todos los ballesteros y escopeteros y con veinte soldados de los más aguerridos  para el combate y que Francisco de Montejo fuera como comandante y que en el caso que viéramos que eran guerreros los que nos estuvieran esperando se los hiciéramos saber de inmediato o cualquier cosa aunque fuera buena, les avisáramos . Y en aquel momento quiso Dios que el mar estaba en calma en la costa lo cual pocas veces sucede y nos ayudo a llegar a la playa en donde nos aguardaban tres Principales de Moctezuma y uno de ellos traía muchos indios a su servicio pues parecía el representante del Emperador. Ahí tenían gallinas de la tierra, pan de maíz y frutas como piñas, zapotes de los que llaman mameyes, estaban a la sombra de unos árboles y tenían petates en donde por señas nos mandaron  a sentar, porque aunque iba Julianillo con nosotros, no entendía su lengua que es mexicana, como ya era costumbre, trajeron braceros de barro pequeños y nos sahumaron con una especie de resina.
Viendo todo esto, el capitán Montejo mando a decir al general y ya que lo supo se acerco con todos los navios y bajo a tierra con todos los capitanes y soldados, y cuando los hombres de Moctezuma lo vieron y supieron que era el capitán general le hicieron a su modo muchas reverencias y les agradeció y mando que les dieran diamantes azules y cuentas verdes  y mediante señas les dijo que trajeran oro para cambiar y el representante del emperador ordeno a sus sirvientes que dijeran a los pueblos de la comarca, que trajeran a cambiar las joyas de oro que tuvieran y ahí estuvimos por seis días y durante ese tiempo trajeron mas de dieciseismil pesos en joyas pequeñas y de oro bajo y de muy diversas formas, ya que por estas provincias del rio Grijalva no hay oro ni en sus alrededores sino las pocas joyas que consiguen en sus viajes al reinado de Moctezuma , en este lugar se unió a nuestra expedición un indio que aprendió el castellano y se volvió cristiano bautizándose como Francisco que luego se caso con una india. También se tomo posesión de esta tierra en nombre de su Majestad y como vio el general que ya no traían mas oro para cambiar y los navios estaban en riesgo por estar en una zona cercana a la costa de travesía de los vientos Norte y Nordeste, procedimos a embarcarnos por ordenes del capitán general .Y continuando con nuestra navegación costera, mas adelante vimos una isleta que estaba a unas tres legua de tierra y tenía la arena muy blanca y le pusimos isla La Blanca(19°13’34.29”N,-96°03’18.04”O)* y no muy lejos de esta isla esta otra isla que tenía muchos árboles verdes y esta isla esta a unas cuatro leguas de la costa y esta isla le pusimos La isla Verde (19°11’58.94”N,-96°04’00.21”O) y así están en las cartas de mareas; continuando nuestro viaje, vimos una isla mucho más grande que las anteriores y estaba a una legua y media de la costa y enfrente de ella había un buen fondeadero donde el capitán general mando fondear. Y echados los bateles al agua el capitán Juan de Grijalva con muchos soldados fuimos a ver la isla porque se veía humo en ella y encontramos dos casas hechas de cal y canto con escaleras por donde se subía a unos altares en donde había unos ídolos con figuras muy feas y eran sus dioses y encontramos sacrificados a cinco indios que estaban abiertos en canal por el pecho con los brazos  y muslos cortados y las paredes de estos adoratorios salpicadas de sangre y todo esto nos causo mucha sorpresa por lo que pusimos a este lugar Isla de Sacrificios (19°10’12.29”N,-96°05’13.63”O) y así está en las cartas de mareas .
Enfrente de esta isla desembarcamos en unos arenales en donde hicimos chozas sobre los más altos para evitar a los mosquitos que había en gran cantidad ahí y sondeamos con los bateles el fondeadero y vimos que había buen fondo y abrigo del Norte para los navios. Hecho lo anterior fuimos con el capitán general treinta soldados bien armados en dos bateles a otra isleta que estaba a media legua de la costa y encontramos un templo donde estaba un ídolo muy grande y feo al cual llamaban Tescatepuca (Tezcatlipoca) y había con el cuatro indios vestidos con mantas sucias y muy largas con capas parecidas a las de los canónigos o los dominicos y eran los sacerdotes de este ídolo y ese día habían sacrificado a dos jóvenes habiéndoles abierto el pecho y ofrecido al ídolo su sangre y corazones .
Estos sacerdotes estaban sahumando a su ídolo con alguna esencia y cuando vieron que llegamos, intentaron sahumarnos pero no aceptamos porque sentimos mucha lástima por los jóvenes sacrificados con tanta crueldad .El general le pregunto por señas porque aun no conocíamos la lengua mexicana, al indio Francisco que traíamos del rio banderas el cual
*La posición de la Isla La blanca se supone con base en la descripción que el mismo Bernal Díaz dice,…..Y no muy lejos de esta isleta blanca, vimos otra isla que tenía muchos árboles verdes. Por lo que suponemos que esta isla era temporal pero aun se ve al NE de la isla verde a 3.17km aprox.
se veía inteligente, el porqué de este sacrificio. Quien le contesto ¡Ulúa!..!Ulúa! que los de Ulúa los mandaban a sacrificar .Por ser Junio de San Juan y como el capitán también se llamaba Juan le pusimos a la Isla San Juan de Ulúa, y ahora es un puerto muy conocido en el que están construidos grandes muros protegiendo a los navios del viento Norte, y ahí llegan a desembarcar todas las mercancías de Castilla que van a la Nueva España.
Y estando en estos arenales vinieron indios de todos los pueblos de los alrededores a cambiar su oro en joyas con nosotros pero era muy poco lo que traían y también de muy poco valor , que no lo tomábamos en cuenta y ya habían pasado siete días y con la cantidad de mosquitos no podíamos estar y teniendo ya la certeza que estas tierras no eran islas no eran  tales sino tierra firme, y que había grandes poblaciones y gran cantidad de indios, y el pan que traíamos ya se había empezado descomponer y los soldados que quedábamos no éramos suficiente para poblar y mas que ya habíamos perdido a trece por las heridas y otros cuatro heridos, optamos por hacérselo saber a Diego Velázquez para que nos enviase socorro ,aunque Juan de Grijalva mosto mucha voluntad para poblar con tan poca gente pero no era posible, por lo que escogimos al capitán Pedro de Alvarado para que en el navío San Sebastián realizara esa campaña. Y se acepto que este capitán fuera por dos cosas que traía en su contra una por haber desobedecido al capitán general en su entrada al rio Papaloapan solo y la otra porque había venido a esta expedición de mala gana y medio enfermo, así que se acordó que llevara todo el oro que se había rescatado y las mantas obtenidas. Y cada uno escribió a Diego Velázquez lo que quiso.
Cuando salimos de Cuba ,Diego Velásquez se quedo muy preocupado por lo que pudiera pasarnos  y después de un tiempo razonable, envió una nave pequeña en nuestra busca con soldados a las órdenes de Cristóbal de Olid quien después fue maestre de campo de Hernán Cortez .Y le mando que siguiera la ruta de Francisco Hernández de Córdoba hasta encontrarnos, pues estando anclado cerca de tierra en Yucatán, lo alcanzo un fuerte temporal y por no enredarse en las amarras de las anclas, el piloto que traía mando cortar los cables y se quedo sin anclas y tuvo que devolverse a Cuba; y si estaba preocupado antes de mandar a Cristóbal de Olid en nuestra busca peor se puso cuando lo vio llegar sin ninguna razón de nosotros. Y en esta situación estaba cuando llego el capitán Pedro de Alvarado con el oro, las mantas y los heridos y con una relación muy amplia  de lo que habíamos descubierto. Desde que el gobernador vio todo el oro que había llevado Pedro de Alvarado, que como estaba labrado en joyas parecía más de lo que era en verdad y había muchas personas de la villa y otras que venían a resolver asuntos de otros lugares quedaron muy asombrados después que los oficiales del rey tomaron el real quinto para su majestad , por haber descubierto unas tierras tan ricas y como Pedro de Alvarado sabia platicarle , Diego Velazquez estaba muy contento y si antes de esto ya estas tierras eran famosas, ahora su fama fue mucho mayor en las islas y en la misma Castilla.
Mientras tanto nuestro capitán general ordeno a los capitanes y soldados que quedamos, seguir navegando por la costa para ir descubriendo lo mas que se pudiera y continuando con nuestra navegación, vimos las sierras conocidas como Tuzla (Tuxtla 18°32’40.79”,-95°11’29.39”O)** , y dos días después vimos otra sierra muy alta que ahora se llama de Tuzpa ( la Sierra Norte de Puebla 20°08’30.22”N,-97°51’44.30”O) y continuando con nuestro rumbo vimos muchos pueblos que estaban a unas dos o tres leguas tierra adentro en la provincia de Pánuco , continuamos con nuestra navegación hasta encontrar otro rio muy caudaloso al cual pusimos por nombre rio Canoas ( Rio Pánuco 22°15’47.10”,-97°46’59”O).
Frente a este rio nos anclamos y como no habíamos tenido ningún percance con los naturales de estas tierras, estábamos confiados descansando, cuando de pronto salieron del rio unas veinte canoas grandes llenas de indios guerreros, armados con lanzas, arcos y flechas y se van a atacar al navío del capitán Francisco de Montejo que les pareció el más indefenso y pequeño y que, además, estaba más cercano a tierra y lo atacaron con tal cantidad de flechas que en un primer momento hirieron a cinco soldados, así también le echaban cuerdas para tratar de jalarlo y hasta una amarra cortaron con sus hachas de cobre, mientras el capitán Montejo defendía con sus soldados de la mejor manera la nave, destruyéndoles tres canoas y nosotros acudimos a ayudarle de inmediato después de bajar los bateles y unirnos a la pelea con nuestras escopetas y ballestas logramos herir mas de una tercera parte de los atacantes con lo que los hicimos huir por donde vinieron .
Cuando hicimos el recuento de los daños procedimos a continuar con nuestra expedición y levantamos anclas y pusimos proa por toda la costa hasta llegar a una punta tan grande y con mucha corriente que no pudimos cruzarla (Esta punta pudo ser la formación del delta del rio Mississippi 29°01’51.48”N,-89°19’12.35”O) que en ese tiempo era más caudaloso), y teniendo en cuenta que el piloto Antón de Alaminos comento al capitán general que no convenía continuar con la expedición.  
** Esta sierra la debió haber visto Bernal Díaz, cuando continuaron navegando hacia el norte después de haber salido de la desembocadura del rio Coatzacoalcos cuando descubrieron el volcán San Martin.
Por lo que se hizo una junta para ver cuáles eran nuestras posibilidades de continuar; y se dijo que el invierno ya estaba cerca y no teníamos alimentos para continuar y uno de los navíos estaba haciendo agua ,aparte los capitanes Alfonso Dávila y Francisco de Montejo, no estaban de acuerdo con Juan de Grijalba quien quería colonizar, pero le comentaron que en ese momento no era posible porque había muchos guerreros en tierra y todos nosotros los soldados estábamos muy cansados por causa de la expedición.
Con estos argumentos se acordó que era tiempo de regresar a Cuba y dimos vuelta a dos velas y con las corrientes que había en poco tiempo estuvimos en la desembocadura del gran rio Coatzacoalcos pero no pudimos entrar en el porqué había un norte muy fuerte y tuvimos que trasladarnos al rio Tonalá, que nosotros habíamos bautizado como San Antón, en donde dimos carena (Reparar el casco)  al Navío que hacia agua pues toco fondo cuando entramos al rio. Cuando estábamos  reparando el barco vinieron muchos indios del pueblo de Tonalá (18°09’49.89”N,-94°08’03.85”O) que esta a una legua de ahí y nos trajeron pan de maíz, pescado y frutas y nos lo dieron muy amistosamente por lo que el capitán les agradeció mucho y les dio cuenta y diamantes y les dijo por señas que si tenían oro que lo trajeran y que se los cambiaría por nuestras cuentas y diamantes. Así lo hicieron ellos y los pueblos de Coatzacoalcos  y otros pueblos de los alrededores trajeron sus joyas que eran de oro bajo sin mucho valor, así muchos de estos indios traían también como adorno unas hachas de cobre muy brillantes y con mango de madera muy bien pintado y pensamos que eran de oro bajo también y comenzamos a pedirles que nos trajeran a cambiar de estas hachas y a los tres días ya teníamos más de seiscientas piezas y estábamos muy contentos y los indios también. Uno de los marineros había cambiado siete  hachas y ya se sentía muy rico, recuerdo también que un soldado llamado Bartolomé Pardo, fue a un templo de los dioses de estas gentes  que estaba en un cerro y encontró muchos ídolos y copal y también cuchillos de pedernal de los que usaban para sus sacrificios y en una arca de madera encontró muchas piezas de oro como diademas , collares y cuentas y se guardo el oro y trajo los ídolos al capitán , pero hubo alguien que lo vio y se lo comento al capitán ,entonces el capitán se lo quiso quitar pero como era un buen soldado, le solicitamos se lo dejara a lo que el capitán accedió después de quitarle el quinto real para su majestad que fueron como ciento cincuenta pesos . También quiero comentar que como había muchos mosquitos en la playa, fui con diez soldados a dormir a uno de estos templos y junto aquel templo sembré unas semillas de naranja que había traído de Cuba y nacieron muy bien y los sacerdotes de aquel templo, cuando vieron que eran plantas diferentes de las que acá había, las comenzaron a cuidar y regar y de ahí se hicieron de naranjas en toda esa zona.
Luego que reparamos el navío y nos despedimos de los indios de la zona quienes quedaron muy contentos, pusimos rumbo a Cuba y en cuarenta y cinco días unas veces con buen tiempo y otras con lo contrario llegamos a Santiago de Cuba con Diego Velazquez quien nos recibió muy contento desde que le mostramos el oro que traíamos que eran unos cuatro mil pesos y lo que trajo primero Pedro de Alvarado se juntaron unos veinte mil pesos y los oficiales de su majestad separaron el quinto real.
También sacaron las seiscientas hachas que pensamos que eran de oro bajo pero cuando las vieron estaban todas verdes de moho como el cobre que eran y hubo muchas risas y burlas de nuestro mal rescate.
Y después de todas estas aventuras y pasado el momento de alegría los capitanes comenzaron a dar sus informes haciendo quedar mal al capitán general ante  el gobernador ,pues tanto Francisco Montejo como Pedro de Alvarado se encargaron de dar malos informes de Juan de Grijalba apoyados por Alonso Dávila .

Y hasta aquí termina la primera parte de los primeros viajes de Bernal Díaz del Castillo, que en cierta forma nos dio un panorama de sus aventuras mostrándonos como si fuéramos en el mismo navío todos los lugares por los que paso y que afortunadamente algunos sino es que la mayoría conservaron sus nombres antiguos y no desaparecieron  haciéndonos partícipes de estas aventuras que al irlas leyendo apoyados del programa de google heart como ya lo había comentado podremos ir viendo cada uno de estos sitios que aun conservan su belleza . 

La segunda parte de los viajes de Bernal Díaz del Castillo que es la mas aciaga y la que le llevo por los caminos de la conquista del Gran Imperio Azteca,la contaremos mas adelante.